Con una ceremonia reservada para comunidades mapuches y tehuelches, los restos de Margarita Foyel fueron enterrados al pie del cordón Serrucho, en el territorio ancestral de Las Huaytekas que supo dominar su padre, el cacique Foyel, hasta que fuera desplazado hacia el sur por las tropas del ejército argentino, en el contexto de la denominada Conquista del Desierto.

El lugar está emplazado a unos 30 kilómetros de El Bolsón y la ceremonia de inhumación incluyó una caravana que partió el jueves desde el mausoleo al cacique Inakayal, en Tecka, para continuar luego con un “nguillatún” (rogativa), con sonidos de “pifilcas” (instrumentos de viento) y “cultrunes” (percusión), ramas de maitén (árbol sagrado para la cosmovisión mapuche) agitadas al viento, más dos banderas azules flameando como “símbolo de la pureza del aire y la atmósfera”.

Finalmente, el acto del enterratorio de los restos óseos estuvo a cargo de varios “conas” (jóvenes), seguido por los referentes llegados desde las provincias de Río Negro, Chubut, Neuquén y Mendoza, quienes depositaron en la tumba sus ofrendas de artesanías en plata, semillas, tejidos, alimentos y “otras cosas necesarias para el viaje que emprenderá su espíritu”, según valoraron.

Unos y otros resaltaron la circunstancia de que Margarita “vuelve 130 años después a la tierra de sus padres. Para nosotros es muy importante porque se cierra el ciclo natural de la vida”, al tiempo que celebraron “la lluvia que está cayendo, porque son las lagrimas de nuestra hermana que vuelve con nosotros para siempre”.

En la oportunidad, Fernando Pepe -coordinador del Colectivo Guias (Grupo Universitario de Investigación en Antropología Social)-, recordó que Margarita Foyel “murió prisionera en el Museo de La Plata el 23 de septiembre de 1887, en el trágico ‘Septiembre negro’ de ese año para los ‘Prisioneros de la ciencia’, donde en el transcurso del mes murieron también en los sótanos Inakayal, su mujer, una niña aún no identificada y la fueguina Tafa”.

Previamente, “el entonces ministro de Guerra, general Benjamín Victorica, ordenó la construcción el fortín General Villegas en el paraje Corral Charmata (Chubut), con la intención de copar las tolderías de los caciques Inakayal y Foyel. El 18 de octubre de 1884, el teniente Francisco Insay y 20 soldados atacaron sin previo aviso la toldería, mataron a 30 personas y tomaron gran cantidad de prisioneros, que luego llevaron a las prisiones del Tigre y al Museo de la Plata. Entre ellos estaban Inakayal, su esposa y Margarita Foyel”.

“Sus cuerpos fueron expuestos hasta el año 2006, cuando con el Colectivo Guias retiramos, el 22 de agosto, de las vitrina del museo los restos del yamana Mais Kensis, quien también murió prisionera en el Museo de La Plata, terminando así con 120 años de ignominia”, subrayó el antropólogo.

“Para nosotros esto representa una restitución de la dignidad a nuestros ancestros. Poder darle un entierro a la manera de la comunidad mapuche es lo más importante, ya que puede volver al lugar de donde nunca debió haberse ido”, resaltó a su turno Elisa Ose, de la comunidad Las Huaytekas.

“Se trata de un evento muy importante desde lo espiritual, porque ella se fue y nadie sabía qué le había pasado. Ahora regresa a su tuwün (territorio de origen) y para nuestro pueblo esto marca un nuevo ciclo de lucha”, agregó.

Fernando Pepe resaltó además “la reglamentación, en 2010, de la ley 25.517 que establece que los restos mortales deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que los reclamen”. Esta reglamentación nombró como autoridad de aplicación al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), que coordinó las distintas restituciones cuatro de ellas a nivel nacional y una de ellas que permitió devolver a Paraguay los restos de una niña de la comunidad Aché que se encontraban en un museo en Alemania.

Margarita Foyel: