Por Matilde Moyano [08/03/2016]

El 8 de marzo de 1911 mujeres trabajadoras de la fábrica de camisas Triangle Waist Co de Nueva York, Estados Unidos, realizaron una prowwwa en reclamo de mejores condiciones laborales. El 25 de marzo de ese mismo año los responsables del lugar bloquearon todas las puertas de las escaleras y salidas, dejando encerradas a 146 personas, de las cuales 123 eran mujeres, la mayoría inmigrantes de Europa del Este e Italia de entre 14 y 48 años, quienes murieron a causa de quemaduras, derrumbes e inhalación de humo.

A raíz de esta tragedia se introdujeron importantes cambios en materia legislativa, en las normas de seguridad y salud laborales e industriales, y se creó el sindicato internacional de mujeres trabajadoras textiles (International Ladies’ Garment Workers’ Union) que lucha por mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras textiles. El 8 de marzo es símbolo de la lucha de la mujer por una sociedad inclusiva y sin discriminación de género.

Actualmente, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que recopiló datos de 178 países, a pesar de algunas mejoras en ciertas regiones del mundo, millones de mujeres están perdiendo terreno en su búsqueda de la igualdad en el mundo del trabajo. El progreso educativo no se vería acompañado de mejoras en el mundo laboral: entre 1995 y 2015 la brecha de género cerró sólo 0,6 %.

El documento indica que las mujeres siguen trabajando más horas al día que los hombres tanto en el trabajo remunerado como en el no remunerado, y que en los países con altos y bajos ingresos ellas realizan, en promedio, al menos dos veces y media más trabajo doméstico y de cuidado familiar que los hombres.

Además, en términos de pensiones, la cobertura es inferior para las mujeres, lo cual se traduce en una diferencia de género en la cobertura de la protección social. Y en términos de salarios, el estudio confirma estimaciones anteriores de la OIT: a nivel mundial las mujeres aún ganan en promedio un 77 por ciento de lo que ganan los hombres, disparidad que “no puede ser explicada solamente por las diferencias en la educación o la edad”, sino que puede ser vinculada “a la infravaloración del trabajo que las mujeres realizan”.