Le dicen “la Llamada”. Es entre febrero y marzo, cuando desde el interior de los huevos en incubadora se escucha una especie de quejido o silbido. Empieza uno y se suman los demás. Los “pichones” de yacaré criados en cautiverio anuncian que están listos para salir del huevo. Y el productor los ayuda, rompiendo la cáscara, como cuando uno casca un huevo de gallina. Y ahí, tras agujerear la membrana traslúcida que lo protege, sale este reptil, del género caimán y de la especie yacaré, overo o conocido como ñato por su trompa achatada. O el yacaré negro, más trompudo, tanto que cuando es adulto sus dientes perforan el maxilar superior y asoman entre su carcasa.
Si vive inmerso en la naturaleza silvestre, se produce lo mismo que en cautiverio. Pero es la madre la que se acerca, rompe el nido que construye con barro, ramas y hasta con sus fluidos y llega a medir entre 70 centímetros de alto y 1,20 de diámetro. Flor de nido. Lo rompe con sus patas delanteras y muerde el huevo para ayudar a salir a sus crías, a las que protege cargando en su cabeza o en la boca. Los especialistas destacan a este animal de sangre fría y carne blanca y magra como una de las especies que menos modificaciones ha sufrido en su evolución. Tanto es así, que se le calcula una antigüedad de más de 200 millones de años. Anterior a los dinosaurios. Y sí, ahí está, parece hecho de piedra. Desde que nace, abre la boca y muerde. Nadie lo alimenta, él solo lucha por sobrevivir. En la Argentina puebla las zonas ribereñas, de bañados y esteros de las cuencas del Uruguay, Paraná y Salado. Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones, Chaco, Formosa hasta Salta. Bolivia también tiene, Colombia, Brasil. Son millones de individuos que pueblan la zonas. Es pariente de los cocodrilos del Nilo, los más grandotes del planeta, y es “primo” del caimán  norteamericano de los pantanos de La Florida. Sin embargo, en la Argentina, donde su nombre es guaraní e integró la lista de especies en peligro de extinción hasta los años noventa, su cuidado y cría en cautiverio para repoblar zonas y el impulso de áreas protegidas, reservas naturales y Parques Nacionales significó quizás su salvación y la de cientos de pobladores que antes subsistían con su caza. Hoy aquellos cazadores cosechan los huevos entre la espesura del monte, la selva y también el bosque paranaense. Y cobran por su labor, que les permite mantener su cultura de relación con el entorno natural. La tarea además ayuda a que los especialistas críen y devuelvan a la naturaleza una especie que sufrió casi su desaparición con la avanzada de las fronteras agrícola-ganaderas, que les quitaron su hábitat natural, por lo tanto el alimento y la protección. También fue el valor de su cuero el que los hizo presa de la caza. En Santa Fe es el Estado provincial el que maneja el criadero. Y en Formosa y Corrientes, un emprendimiento privado con el asesoramiento del Estado a través de científicos del Conicet. 

Todo legal. En los Esteros del Iberá, llegar hasta la localidad correntina de Colonia Pellegrini, cerquita de Mercedes, y adentrarse en el parque provincial Iberá, deja conocer a este poblador antiguo con tan sólo recorrer en barcaza la laguna más grande de esta reserva. Iberá, que significa aguas brillantes, en casi dos horas de navegación muestra las aves, los carpinchos y los ciervos de los pantanos que se transforman en objeto de deseo de los visitantes. Hasta se puede tener la suerte de ver a una hembra con su cría en la cabeza. Todos atentos. De allí que la experiencia de este sitio es una de las primeras demostraciones de cómo los pobladores sumaron su cultura en relación con la naturaleza para que los turistas y amantes de la naturaleza la pudieran disfrutar a pleno. Porque antes, la gente de campo se dedicaba a la caza de las diferentes especies, entre ellos, el yacaré. Es histórico el oficio que se transmitía de generación en generación. Familias enteras se sostenían con la caza furtiva. Por su cuero y por su carne. “Hace cuarenta años el comercio del yacaré y sus parientes rondaba el millón y medio de pieles al año en todo el mundo. Pero todo ilegal. Hoy, es la misma cifra pero legal, controlado y estudiado”, le dice a El Federal el especialista en yacarés Alejandro Riera, director de Recursos Naturales de la Provincia de Santa Fe y vicepresidente del grupo de expertos en cocodrilos de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), por lo cual además de dirigir el Proyecto Yacaré (Santa Fe) da clases en la Universidad Nacional del Litoral y es el director de los otros dos proyectos, el de Formosa y Yacaré Porá, en Puerto Valle, cerca de Ituzaingó, en Corrientes.

Invertir en yacares. Alejandro siempre fue bichero. En especial con los animales silvestres. Durante sus primeros años trabajó intensamente en campos como Granja Esmeralda con especies de interés para el ecosistema. Pero, desde 1985 y cuando aún eran impensadas las actuales comunicaciones en internet, registró distintas poblaciones de yacarés por donde andaba. Probó hasta que logró criar en cautiverio a partir de huevos recolectados en el medio natural. En los noventa armó un proyecto que fue muy bien recibido en la primera reunión de especialistas en cocodrilos que se realizó en Estados Unidos, donde lo presentó. Tuvo el apoyo de INTA en la etapa inicial, pues salir a rastrear nidos por los campos requiere de un mínimo equipamiento como gasoil y camioneta. “Pero nos dimos cuenta de que no podía prosperar como un negocio sustentable. Y convocamos a distintos organismo para que vieran las posibilidades de invertir en el proyecto”. Los únicos que no se rieron fueron los integrantes de la Mutual de UPCN, en Santa Fe, y su secretario general, Alberto Maguid, reapareció y al final invirtieron. “En diez años, hasta el 2000, invirtieron 600 mil dólares. En los siguientes cuatro años los recuperaron y hace cinco años que se logró ganancia”, explica el veterinario Alejandro Larriera. Hoy, en Ssanta Fe, el Proyecto Yacaré cuenta con un frigorífico donde se faenan los yacaré con el control del Senasa. La carne se vende en el mercado provincial, para los restaurantes. Además hicieron una prueba exitosa de alimentación de los yacarés con semillas de lino y lograron que la carne registrara una relación de 10 a 1 de Omega 3, comparado con un pez azul de aguas profundas, que son los que más presencia tienen de estas grasas conocidas como “colesterol bueno”. Tal sustancia e necesaria para el organismo humano, que no la fabrica. Esta comprobación también la hicieron los científicos del Centro de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CIC) que dirige el médico científico Marcelo Tavella.
Y es el único caso totalmente estatal, con aportes de una ONG. Se trata del proyecto más antiguo con sus 20 años de funcionamiento. Tienen capacidad para la cría de 15 mil yacarés y una faena de 5 mil.
En el caso de Caimanes de Formosa, que fue el segundo proyecto construido hacia 2002, recién en 2006 habilitaron el frigorífico. Y tiene la autorización para exportar a la Unión Europea. Faenan 15 mil yacarés y son inversiones privadas. Mientras que los correntinos de Puerto Valle, en el proyecto Yacaré Porá, alcanza a los 30 mil yacarés en cría y una faena de 8 a 10 mil al año. Y pronto estrenan frigorífico. Para Mauro Cardozo, quien coordina este proyecto in situ, la cría en cautiverio en esta etapa es fundamental para repoblar la zona. Los sueltan en los sitios donde los investigadores del Conicet van monitoreando que hace falta población, o en el rincón donde más protegidos van a estar. Y destaca en especial el trabajo que despliegan los pobladores vecinos al establecimiento, por cuanto muchos se dedicaban a la caza furtiva. Hasta el 97, el yacaré estaba en peligro y su cacería sigue prohibida. De esta forma, los baqueanos expertos en hallar los nidos, cumplen la función fundamental de “rancheo”. Es decir, buscar los huevos, recolectarlos con el cuidado que implica y llevarlos al criadero. De esta forma, el proyecto genera trabajo y con la gente más idónea. 

Naturaleza y economia. Pasión, amor a la naturaleza y economía pueden ir de la mano. Al igual que en la pesca deportiva con devolución, que se nutre del concepto de que el pez vale más vivo, en el agua, porque puede volver un pescador deportivo al año siguiente y sostener así el ciclo virtuoso de la economía que representa el turismo. Es hoy, quizás, también el yacaré el emblema de la naturaleza virgen. Su cuidado y protección proponen un nuevo paradigma para los eternos defensores teóricos de lo natural. Y les impone una invitación a que recorran estas zonas donde los Parques Nacionales y reservas proponen junto a los pueblos sobrevivir cuidando el ambiente y trabajando para las generaciones venideras. Las zonas que hoy suman nuevas áreas de preservación como el caso de las 150 mil hectáreas de la Estancia La Fidelidad, ubicada en Chaco y Formosa y que pronto será Parque Nacional, abren al público más y más naturaleza. Los ambientes preservados y cuidados permiten así que las especies sobrevivan. Ahí está la riqueza. Que el ciclo de la vida siga rodando, incluyendo al ser humano. Vayan y vean. Y vivan esta naturaleza.