“La gente cree que lo agroecológico es más caro, pero no es así porque si bien lleva un poco más de laboreo, es mucho más barato producirlo”, comenta Bernardo Castillo, padre de un grupo familiar que desde hace años trabajan en su propia huerta florihortícola en el conurbano bonaerense, libre de agrotóxicos, diversificando los cultivos y usando plagas benéficas y preparados caseros.

La quinta se halla en El Pato y la historia de la familia Castillo está marcada por los pesticidas. Antes de volcarse por la agroecología, trabajaban la tierra fumigando con agrotóxicos, hasta que la manipulación de estos venenos comenzaron a debilitar la salud de Bernardo.

Yo empecé enfermándome muy mal, hasta que me tuvieron que operar la vesícula. Luego intenté volver a fumigar con los químicos que siempre usábamos y casi me muero“, comenta recordando los días en los que debía estar en cama, o visitando hospitales. Los médicos, finalmente y luego de hacerle toda clase de estudios, le diagnósticaron lo obvio: intoxicación por agroquímicos.

Le dijeron que no podía volver a trabajar la tierra, por lo menos de la manera en la que la venia trabajando, y así fue que decidió volcarse por lo natural. Cambió agrotóxicos por métodos naturales. “No son venenos como los pesticidas, sino que son ahuyentadores de plagas los que usamos

La quinta, donde trabaja todo el grupo familiar, marca un camino diferente y necesario dentro del manejo de la tierra. En tiempos en donde desde las más altas esferas se benefician a empresas productoras de pesticidas y se promueve las fumigaciones cada vez desde menores distancias con respecto a centros urbanos, la historia de la familia Castillo abre una puerta de que es posible apostar por la naturaleza y tener un emprendimiento comercial rentable.

Bernardo es integrante de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), a través de los años, la quinta de la familia Castillo se ha transformado en un establecimiento modelo de explotación agroecológica. La quinta es apoyada por un Proyecto de Extensión de la Universidad de Buenos Aires, denominado: “Manejo sanitario sustentable en una transición hacia la producción agroecológica de flores y hortalizas”, en donde participan estudiantes y docentes de la Facultad de Agronomía de la UBA, quienes trabajan en conjunto con el Senasa, el INTA y la Secretaría de Agricultura Familiar.

“El sistema de producción se basa en la diversificación de especies, no aplicar agroquímicos, seleccionar los vegetales que pueden colaborar con el control de plagas, dejar siempre corredores biológicos que permitan que ahí sobrevivan las plagas e ir probando y seleccionando microorganismos que puedan ser utilizados para el control de enfermedades”, afirma Eduardo Wright, docente de Fitopatología del Proyecto.”Con este manejo que hace Bernardo hay muy pocos problemas sanitarios”, subraya el docente.

La quinta, de una hectárea y media tiene un sistema que se asienta en este pilar: los agrotóxicos son reemplazados por vinagre de manzana, aceinte de neem (óleo natural) y preparados de azufre y sufato de cobre. Para fertilizar usan compost y purín de ortiga. El resultado asombra y enorgullece a la familia: se obtienen frutas y vegetales de gran poder nutritivo, ciento por ciento orgánicas. Esta idea, para que se complete, necesita viralizarse, y en esto anda Bernando: está convenciendo a seis quinteros vecinos para que se cambien de bando y se abracen a la agroecología.