Por Matilde Moyano

Cuando mi abuelo Mario dejó este planeta, unos aviones sobrevolaron el cielo de la ceremonia en el cementerio de Ezpeleta, en señal de despedida, atravesando los corazones de todos, incluso de quienes se esforzaban en contener las emociones.

Eran aviones del Aeroclub Río de La Plata, ubicado en Berazategui, provincia de Buenos Aires, un lugar que tuvo a Mario Rovira como primer presidente y socio fundador en 1966, también creador de la Cooperativa Aero Quilmes que antecedió al aeroclub (1956), integrada además por Julio Krieger, Andrés Fatturini, Nelson Throschmidt, Erling Weimann y otros.

Ya pasaron 50 años de la fundación del Aeroclub, y por supuesto este aniversario tuvo una celebración que comenzó con las palabras del presidente Marcelo Imperiali:

Hace 50 años un grupo de pioneros, entusiastas de la aviación, encaró un sueño. Munidos de esperanza, de empuje y de fe, iniciaron un camino que trajo a nuestro club hasta el día de hoy. Apellidos ilustres para nuestro club, que quedaron plasmados en nuestra acta de fundación”.

“La Asamblea Constitutiva del Aeroclub Río de la Plata tuvo lugar en este mismo lugar, en un hangar hecho con vigas de madera y chapas tan agujeradas que mirándolas al atardecer desde adentro, asemejaban un cielo estrellado.”

El evento contó con la presencia de tres de los cuatro socios fundadores que quedan: Leonel Berazategui (90), Edgardo Escapil (73) y Luis Pettinelli. Los nombres de todos los socios fundadores pueden leerse en la placa conmemorativa:

En diálogo con Leonel Berazategui le pregunté qué significaba para él este aniversario: “50 años del club no es poco, es mucho. Todos hemos tenido buena voluntad, ganas de trabajar, porque nosotros acá veníamos a laburar sábado y domingo. De lunes a viernes teníamos nuestro negocio, y el sábado y domingo trabajábamos acá. Así hicimos este aeroclub, trabajando.”

“Acá viene gente con el entusiasmo de la aviación y valora lo que se ha hecho, conoce la vida de esto, que lo empezamos nosotros con Mario Rovira, que hoy ya no está. Él era cooperativista, y en un principio se hizo como cooperativa, pero 10 años después lo tuvimos que pasar a aeroclub para poder recibir alguna ayuda, algún avión, reparaciones”.

Edgardo Escapil, por su parte, me contó que fue uno de los pilotos de los aviones que homenajearon a mi abuelo en su sepelio en el ’98 (el LV-YQF) y expresó que “Lo primero que uno puede sentir es orgullo de haber sido parte de lo que fue un proyecto y hoy es una realidad que tuvo continuidad. Es como ver crecer un hijo. Creo que tanto Leonel como yo, cuando miramos todo esto y nos acordamos del tractor que prácticamente había que empujar porque era lo que había, con palas, con botas, todo esto era terreno ganado al río, y uno ve esto y la gente que lo viene a visitar y nos hace sentir halagados”.

Y agregó: “La aviación es una pasión, y creo que lo sabio de todo esto y de quienes han seguido es que supieron transmitir esa pasión, no se la guardaron. Eso hace que hoy haya gente acá.”

Edgardo señaló el avión emblema del Aeroclub, el LV RRD (Lima Víctor Romeo Romeo Delta). “Es el avión que más antigüedad tiene en el club. Es un avión escuela,  un PA 11 que le ha enseñado a la mayoría de los pilotos que han pasado por este club. Con este avión se ha instruido gente que hoy es piloto de Aerolíneas, no solo de Argentina, si no de otras partes del mundo. Para mí es un avión emblemático.” 

Como destacó el Presidente Imperiali “Tenemos en el equipo que trabaja hoy en este evento a un representante de la tercera generación de una familia de entusiastas e impulsores del Aeroclub”. Se trata de Andrés Rovira, Vicepresidente del club, nieto de Mario Rovira y mi primo, quien me dijo que “significa mucho este día porque por un lado es un homenaje a toda la labor de mi abuelo y de sus compañeros, y es ayudar a que el club siga sobreviviendo y que cumpla con los objetivos con los que fue fundado hace 50 años”.

Con respecto a la pasión por la aviación, Andrés dijo que “la aviación te tiene que gustar completa, no es solo estar volando, es estar en la pista, limpiar el avión, ayudar en el club. Vine poco de chico, empecé después y aún hoy sigo descubriendo partes de la historia del aeroclub y de mi abuelo. Me sigo sorprendiendo, no sabía que era tan groso lo que ellos hicieron”.

Como aseguró Imperiali, “es a través del trabajo mancomunado que las instituciones crecen, del dar sin condicionamientos, de hacer sin fines proselitistas, y del respeto al orden institucional de las mismas. Lo contrario a esto, se asemeja demasiado a las prácticas de una política de otro orden, que no es compatible con los fines altruistas de una institución forjada con el esfuerzo de sus fundadores, y que no persigue fines individuales, sino colectivos.”

“La ubicación de nuestro aeródromo, si bien codiciada por intereses inmobiliarios, es privilegiada toda vez que nos encontramos a pocos minutos de Bueno Aires. Estará en manos de las generaciones venideras el defender de esos intereses al aeródromo y el continuar con el camino que inició aquel grupo de amantes de la aviación, reunidos bajo el techo de un hangar Nº1 con vigas de madera, un soleado domingo 30 de octubre de 1966″. 

Fotos: Matilde Moyano
Foto de ceremonia: familia Escapil / Foto de placa conmemorativa: Roberto Rovira / Fotos de archivo: Aeroclub Río de la Plata.