Por Matilde Moyano

De a poco, la utilización del sol como fuente de energía se va incorporando a la vida cotidiana. En nuestro país cada vez son más los emprendimientos que entienden que todos los recursos que necesitamos se encuentran en la naturaleza, como el termo solar ‘Solarmate’, el calefón solar para barrios de Bahía Blanca, el sistema de riego solar que crearon estudiantes de Rosario, los ocho pueblos solares de Jujuy, el proyecto en Neuquén de generación de energía solar fotovoltaica, que son solo algunos ejemplos.

El verano ya comenzó y todos los años trae consigo cortes de luz en algunos barrios de Buenos Aires y del resto del país, ocasionados en parte por el exceso en la utilización de aires acondicionados, que son uno de los electrodomésticos que más electricidad consumen y hacen colapsar las redes. Solucionar este problema podría ser más fácil de lo que se cree, ya que las energías renovables pueden generar refrigeración.

En otros países utilizan el frío solar y refrigeración solar son sistemas que usan la energía solar para la refrigeración de ambientes. La aplicación más frecuente es el acondicionamiento de aire, tanto en edificios como en ambiéntes móviles como vehículos. Existen sistemas basados en fotovoltaica y otros en energía solar térmica.

La Refrigeración por absorción permite obtener aire fresco a partir de calor obtenido con colectores solares, como los que proveen de agua caliente sanitaria. La energía solar captada en colectores solares térmicos calienta agua a alta temperatura (entre 80 y 150 ºC). Entonces la máquina de absorción realiza un ciclo de compresión termoquímica (en vez de la compresión mecánica del vapor que realiza una máquina de aire acondicionado) y produce el agua fría necesaria para la climatización de las estancias. Este proceso de compresión en estado líquido tiene muy bajo consumo eléctrico.

La máquina utiliza para el intercambio de calor dos fluidos, uno refrigerante y otro absorbente. Lo más común es emplear agua como refrigerante y una sal como absorbente. El agua calentada por el sol cede ese calor al absorbente y así se consigue agua fría. El absorbente debe volver a ceder el calor (que se disipa o transfiere a otra agua que actúa como refrigerante) para regenerarse y volver a hacer su función.

A nivel doméstico se desarrollaron equipos aptos para viviendas o para el sector terciario, de tamaño compacto, que evitan la necesidad de una torre de refrigeración externa y tienen potencias de enfriamiento de 5 a 10 Kw. Ello se ha conseguido mediante mejoras en la eficiencia de funcionamiento de la maquina de absorción, a través de procesos de rotación de los componentes. El refrigerante empleado es agua y su consumo eléctrico es reducido en comparación con otros sistemas (del orden de 300 wh). Esto también hace posible que este aporte eléctrico sea provisto por energía solar fotovoltaica, creando así un sistema autosuficiente energéticamente.