Por Leandro Vesco

En la profundo de La Boca, al fondo de la calle Caffarena, cuando la silueta de los barcos del puertos se presagian, el mítico Bodegón “El Obrero”, es la última luz que se ve. Hace 64 años que ofrece comida popular y sus platos abundantes son la muestra de una identidad y de un tiempo que se resiste a abandonar el arrabal. La Legislatura porteña lo acaba de declarar “Sitio de Interés Cultural”.

En 1954 los hermanos Marcelino y Francisco Castro, asturianos, abrieron la fonda, que en principio estaba dirigida a darle de comer a los obreros portuarios, en una época en donde el puerto de La Boca tenía una actividad frenética. Aunque el pergamino asegura que desde 1910 ya era un boliche donde se despachaban bebidas. Los hermanos Castro permitían jugar a las cartas, pero decidieron enfocarse en una cocina típica: tortillas españolas y bife. La receta fue exitosa.

El bodegón fue ganando prestigio a medida que pasaba el tiempo, y los espacios similares a este iban modificando su menú y espacio a los gustos de las nuevas generaciones. “El Obrero”, se propuso mantener la identidad y no cambió. Mantuvo su menú y la forma de preparar recetas típicas en un barrio de inmigrantes. La Boca, acaso un micro país dentro de la Ciudad de Buenos Aires, siempre vio con buenos ojos la resistencia al cambio, y premió al “Obrero” con lealtad y lo hizo un sitio querido y muy frecuentado.

Las claves del por qué hace tantos años que este bodegón conserva su magia son básicas: trabajar con buenos productos y ser coherente con el sabor original de las recetas que trajeron los inmigrantes.

Con el paso del tiempo, el sitio fue cobrando importancia y los vecinos del barrio tuvieron que abrir sus corazones y compartir las mesas con curiosos de la ciudad, y de todo el mundo. En una época en donde todo es tan efímero, el hecho de que exista un lugar que siga preparando las mismas recetas desde hace 64 años, produce interés y por supuesto admiración.

La distinción que la Legislatura le hace al bodegón boquense se materealizará con la colocación de una placa. La Ciudad, fundamenta el reconocimiento debido a que “El Obrero, es un lugar de visita obligado debido a sus platos gastronómicos únicos”. Sus paredes están dedicada al deporte y gran parte de la historia reciente de varias disciplinas estén presente con cuadros y fotos evocativas. “Es un museo vivo de la historia del deporte argentino”, destacó la legisladora Patricia Vischi, impulsora de la declaratoria.