La nieve, nevisca o lluvia no son capaces de detener el impulso solidario que un grupo de vecinos de El Bolson siente todas las tardes cuando se reúnen a preparar las ollas para comenzar a cocinar el guiso que luego saldrán a repartir entre las familias más necesitadas de esta localidad que soporta temperaturas extremas.

La pobreza y el invierno no son buenas si se presentan juntas. Los barrios carenciados de El Bolsón albergan a familias que viven en situación de riesgo. Para llevarles comida caliente, los vecinos se reúnen para pelar cebollas, papas y zanahorias, otros la carne, todo se compra con el aporte solidario de todos. Cuando las ollas se calientan y los ingredientes comienzan a despedir sus jugos esenciales, se nota “ese olorcito a comida casera que se hace con mucho amor, porque sabemos que llegará a muchos niños y será su único alimento del día”, afirma una de las vecinas.

La acción transcurre en la iglesia de esta localidad rionegrina. “Vi una nota en el diario y no dudé. También funciona mucho el boca a boca. Por suerte hay unos cuantos vecinos que arriman algún paquete de fideos, arroz o lo que sea, todo sirve. Yo no pertenezco a la iglesia, pero acá encontré un grupo maravilloso de gente dispuesta a ayudar a sus hermanos más necesitados”, afirma al diario Río Negro otro de los vecinos que donan su tiempo para ayudar en ese cruzada humanitaria. Todas las tardes se aparecen “un verdadero ejército de voluntarios” que ayudan a preparar alrededor de 120 viandas, que son distribuidas en forma rápida por los barrios pobres.

Todo tiene que hacerse rápido. Las porciones salen de la olla y se vuelcan a un envase plástico que es envuelto el papel film. Los autos van saliendo entonces hacia los distintos puntos del pueblo. No hay mucho tiempo: la comida tiene que llegar caliente a los hogares en donde muchas veces no tienen gas o la leña mojada por la nieve para preparar un plato caliente.

“Andando se conocen historias increíbles y que reflejan casos de pobreza extrema que muchos ni siquiera imaginan”, relata Cecilia, quien lleva las viandas en su coche. “Lo más difícil es cuando sabemos que no podremos seguir asistiendo a esas madres y chicos que necesitan un plato de comida caliente, pero lo hacemos a pulmón y se llega hasta donde se puede”, sostiene otro vecino. Todos siguen trabajando luego de haber estado todo el día trabajando, a nadie le importa el esfuerzo extra, el único objetivo es ayudar a los que menos tienen.