Como advierten desde hace años algunos productores vitivinícolas, el cambio climático ya habría alterado una de las etapas clave en la elaboración del vino tanto en regiones productoras del hemisferio norte como del sur. Así lo confirma ahora una investigación de la Universidad de Columbia, según la cual el aumento de la temperatura global afecta la fase de sequías que requieren los viñedos, generando de este modo uvas de menor calidad.

El estudio, publicado ayer por la revista Nature, vino a convalidar la preocupación puesta de manifiesto en congresos especializados por el adelantamiento de las vendimias y las amenazas que podría enfrentar el sector vitivinícola si no se frena el calentamiento global.

Los expertos explican que el tiempo de la vendimia lo marca la temperatura registrada en el año y su aumento en las últimas tres décadas ha adelantado progresivamente la fecha de las cosechas en todo el mundo, desde Europa y California hasta Australia y América del Sur. En Francia, donde se efectúan registros desde hace 400 años, se sabe que la vendimia se ha adelantado en dos semanas desde la pasada década de los ochenta, señala la investigación.

Contra las condiciones climáticas ideales para la producción de vinos (primaveras con lluvias, seguidas por veranos calurosos y una última etapa de sequía previa a la cosecha) la investigación demuestra también que el calentamiento global ha eliminado prácticamente la fase de la sequía, lo que está obligando a introducir cambios en las técnicas centenarias de elaboración de vinos.

Aunque alguna gente todavía es escéptica respecto al cambio climático, nadie lo es en la industria vinícola. Todo el mundo cree en ello porque lo ve cada año. Está aquí, es real, no va a desaparecer”, asegura LIz Thach, una de las autoras del estudio.

En el caso de la región de Cuyo, el área vitivinícola por excelencia de nuestro país, los efectos del calentamiento global sobre los viñedos -explica el especialista en vino Mario Rusmando- no se estarían notando tanto en el aumento de la temperatura como el acortamiento de la fase de sequía necesaria para redondear la uva.

“Si bien en primavera los viñedos necesitan agua para florecer y brotar, más adelante requieren de un clima más bien seco para que se forme purina, esa cera que se genera sobre las uvas y que les aporta levaduras. Si llueve un par de días antes de la cosecha, cosa que está pasando cada vez más, ese microclima del viñedo se lava y hay que esperar a que vuelva a formarse, con el riesgo de que madure de más”, explica el especialista platense.

El acortamiento de la fase de sequía por la presencia de lluvias constantes afecta de manera directa la calidad de la cosecha, porque además de lavar el microclima, hidrata las uvas, lo que hace que tengan menos personalidad”, dice Rusmando al señalar que “de hecho, en los años muy lluviosos algunas bodegas eligen no producir sus vinos íconos para no bajarles la calidad”.