La historia, que con pasión y orgullo fue pasando de boca en boca, dice que los mismos productores agropecuarios de la zona de Tres Arroyos, que a principio de siglo pasado fundaron la hoy desaparecida cooperativa de seguros La Previsión, tardaron 15 años en juntar el dinero para comprar el campo en el que crearon una chacra experimental. La idea era revolucionaria para la época: investigar y realizar ensayos para brindarle herramientas tecnológicas a los chacareros de aquellos tiempos y así lograr que mejoraran su producción.
Con ese espíritu y con esa vocación solidaria nació hace 88 años lo que es hoy la Chacra Experimental Integrada Barrow y que está ubicada en el kilómetro 487 de la Ruta 3. El tiempo ratificaría que sus fundadores fueron unos visionarios: la chacra es 33 años más antigua que el INTA y 26 que el Ministerio de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires, que hoy están a su cargo, y es la única estación experimental del país que fue creada por productores.
A eso hay que sumarle que a casi 50 años de su fundación, los descendientes de los productores que la gestaron, hicieron un aporte significativo y Barrow se transformó en la primera experimental en contar con una cooperadora para recaudar fondos.

Sistema mixto. “Nuestra tarea es investigar y tratar de buscar soluciones y alternativas a los problemas que se dan en nuestra zona de influencia, que abarca los partidos de Tres Arroyos, Adolfo Gonzales Chaves, San Cayetano y Coronel Dorrego”, explica el ingeniero agrónomo Carlos Bertucci, director de la chacra desde 2004.
“Estamos inmersos en una zona agrícola ganadera, de allí surgen las demandas que nosotros tratamos de resolver mediante la investigación y la extensión hacia el medio agropecuario. Ultimamente incluimos al sector agroalimentario y a la pequeña agricultura familiar”, agrega.
Si bien son variadas las líneas de trabajo que se siguen en la chacra, hay una idea madre de la que se parte: fomentar el sistema mixto de producción, tarea complicada en tiempos en los que mandan los granos. “Trabajamos teniendo como meta la explotación mixta, donde la agricultura y la ganadería se complementen y no sean competitivos, más allá de las presiones comerciales o de los vaivenes de los precios relativos, que hagan que una actividad sea más importante que la otra en algún período de tiempo.”
Bertucci argumenta que “está comprobado que si uno evalúa un lapso relativamente amplio esta actividad mixta es la que le da más estabilidad al sistema. Es la que le da más seguridad al productor. Por ahí no brinda las máximas ganancias, pero éstas siempre están asociadas a los máximos riesgos, y así como un día ganamos mucho otro día perdemos mucho. Y eso ha significado en muchos casos hasta desaparecer como productor agropecuario”.

Actividades. Las 70 personas que trabajan hoy en la chacra -incluyendo técnicos y personal de apoyo- tienen tarea todo el año. En lo que hace a agricultura, a lo largo de una campaña se siembran alrededor de 15.000 parcelas experimentales con los cultivos que se adaptan a la zona: trigo pan, trigo candeal, colza, cebada, girasol, maíz y soja.
Entre los distintos aspectos que se analizan “se evalúan la fecha, la densidad y la profundidad de siembra; la fertilización, el control de malezas… Se trata de establecer las mejores pautas de manejo”, explica el director.
Además, la chacra es criadero de trigo pan, trigo candeal y avena, cultivos en los que trabaja en distintos programas de mejoramiento genético. Estas actividades son apoyadas por las tareas que se realizan en su laboratorio que, con una superficie cubierta de 1.000 metros cuadrados, es referente nacional en calidad industrial de trigo y tiene además molienda experimental tanto para trigo pan como para trigo candeal.
En ganadería, en tanto, se efectúa “la evaluación de forrajeras, pasturas, manejo de rodeo de cría, manejo de la invernada y llegamos a calidad del producto. Hacemos distintos ensayos de engorde, luego se faena en el frigorífico y se envía al Instituto de Tecnología de Alimentos de Castelar, donde se determinan aspectos que tienen que ver con la calidad de los cortes”, cuenta Bertucci.
El objetivo es transferir al medio nuevas tecnologías y capacitar a los profesionales y a los productores para lograr mejorar la producción de la región. Y para eso, la chacra organiza jornadas, brinda cursos y realiza publicaciones.
También ha tomado relevancia el apoyo a los microemprendedores de la región, a partir de la puesta en funcionamiento de la Planta Piloto para capacitación en temas como lácteos, embutidos, conservas y panificación. “En cinco años llevamos capacitados alrededor de 900 personas”, cuenta satisfecho Bertucci.

La cooperadora. La chacra es propiedad del Ministerio de Asuntos Agrarios y operativamente depende del INTA. Pero hay una tercera pata fundamental para que el proyecto se sostenga: la cooperadora.
Fundada el 8 de noviembre de 1969 por 23 entidades agropecuarias (cooperativas, sociedades rurales, filiales federadas, etc.) de la región, su aparición fue fundamental en la vida del establecimiento por dos motivos: hizo efectiva la previsión de la Ley 4.417 de reinvertir en las chacras experimentales las recaudaciones por venta de sus producciones y fortaleció la imagen solidaria y participativa, con una fuerte interacción con el medio que desde su fundación mantuvo la estación.
“Para mí es un honor ocupar el cargo y poder colaborar. Porque si bien vivo a 120 kilómetros, todo lo que se investiga en esta experimental es lo que aplico en mi campo. Lo que se estudia y se hace acá es para beneficio de todos los productores de la zona. Y sin dudas que la gente le da mucho valor a Barrow. Es nuestra referencia, es nuestro centro tecnológico”, dice Rubén Mathiasen, productor de San Cayetano y presidente de la cooperadora.
“La cooperadora no es propietaria de nada, es usufructuaria de todos los bienes y servicios que pasan por la chacra. Esto le permite a la experimental que su producido vuelva y se reinvierta”, explica.
Mathiasen se refiere a los granos que producen las casi 500 hectáreas que son propiedad de la chacra, la multiplicación de las semillas de trigo candeal que genera como criadero, y el dinero que surge de las ventas de novillos provenientes del rodeo de 250 vacas de cría que posee la entidad.
Con eso, la cooperadora paga los sueldos de los 13 empleados que le aporta a Barrow y si hay un sobrante se destina a alguna otra necesidad de la chacra.
“Todos los que integramos la cooperadora lo hacemos para apoyar a la chacra. Es la moneda de cambio que tenemos los productores. Todo lo que aportan las instituciones, en algún momento le vuelve por el servicio que brinda la chacra”, asegura Mathiasen.

Un sentimiento. La experimental genera un gran sentido de pertenencia. Por eso en cada edificio de la chacra hay mucho pasado presente a través de fotos, cuadros, documentos y carteles con todos los logros tecnológicos alcanzados. La idea es mantener siempre vivo el homenaje a los que colaboraron para que Barrow hoy tenga el prestigio que ostenta.
“Fue creada por los productores de Tres Arroyos por una necesidad de la época. Y eso nos compromete a nosotros a ser muy responsables y eficientes y realizar un trabajo acorde a ese compromiso que tuvieron los fundadores, que buscaron dar respuestas tecnológicas a la región. Ese es nuestro objetivo”, asegura Bertucci.
A 88 años de su fundación, la chacra continúa con el legado de sus fundadores y cumple una importante función para los productores de la zona. En Barrow, el tiempo pasa, la tecnología y la mística quedan.