Por Sonia Renison

Todo el año se prepara la gente para el carnaval en los talleres de las comparsas. Ahí están, como diosas y dioses, las mujeres y hombres que lucen cuerpos esculturales, tocados de plumas larguísimas, trajes diminutos y mucho, pero mucho brillo. Se lucen Ará–Yeví y Marí-Marí, que en el argumento y la calidad de las coreografías y trajes compiten junto con las carrozas que despliegan la fantasía que contiene este fiestón.

Son cientos de participantes en las comparsas. Unas doce carrozas que desfilan y en el corsódromo entran unas 40.000 personas sentadas. Hay que estar alli mirando, participando y compartiendo esta fiesta que al final atrapa al más descreído por todo lo que irradia: felicidad. El tamaño de esta fiesta en Gualeguaychú genera en divisas cada verano el equivalente al presupuesto anual del municipio. Nada más ni menos. Si lo suyo no son las comparsas junto al carnaval, también están las playas, los paseos y restaurantes de la costanera y las calles plenas de historia. Hay de todo.

Entre las playas de arenas claras están salpicadas en la costa, los complejos termales y spa. Es un destino con experiencia en recibir a la gente. El mate no falta y es el paseo obligado cuando uno camina por entre sus calles hasta el antiquísimo caserón que alberga al “Patio del Mate”, desde bombillas de plata y oro hasta de caña y todos los tamaños de calabazas le demostrarán la calidad del mayor productor de mates del país. Los bonaerenses representan la mayor densidad turística del país que se moviliza en verano. Gran parte elige las playas provinciales sin embargo, son menos de dos horas desde la Capital Federal hasta llegar a Gualeguaychú. La suavidad del paisaje que apenas dibuja las colinas verdes, el contraste con el cielo turquesa y despejado y la amabilidad de la gente son parte del sentir anfitrión de esta provincia mesopotámica. Tan sólo en el feriado largo de carnaval recibió más de medio millón de turistas que ocuparon al ciento por ciento la hotelería disponible.

Palmeras, aire, sol, ríos son los que abrazan a esta ciudad. Los paseos en lancha por el río, canotaje, remo, kayack y hasta velerismo y parapente forman parte de las alternativas. Y alrededor de la isla que forma el Parque Unzúe a la que se accede por el puente Méndez Casariego y se llega a las 120 hectáreas de parque que fuera antes una estancia, arboles centenarios y naturaleza plena. Pero esta ciudad ofrece mucho más que carnaval. Los establecimientos rurales, también abren sus tranqueras al turismo y se pueden conocer los secretos de los quesos y dulces artesanales.

El año pasado casi a esta altura, en la fiesta de lanzamiento del verano, el propio gobernador entrerriano, Sergio Urribarri junto con el Ministro de Turismo de la Nación, Carlos Enrique Meyer abrieron la temporada con una campaña en Gualeguachú : ”Verano Seguro”. Y este año en el Hipódromo de Palermo , los entrerrianos se lucieron con el anticipo de las vacaciones haciendo un lanzamiento estelar. Las fichas están puestas para febrero que, por ejemplo el año pasado en el marco del Carnaval Federal de la Alegría, se gestionaron créditos del Banco Nación para que las comparsas entrerrianas se lucieran más que nunca. Y lea bien esto: sólo los números que significa esta fiesta dan la dimensión de lo que significa. setenta mil plumas, quinientas mil lentejuelas con mostacillas para un traje de estapless y hasta se calculan unos doscientos apliques confeccionados a mano, piezas bordadas con piedras brillantes, perlas, canutillos y siempre, las lentejuelas que en pocas semanas empiezan a moverse al ritmo de las comparsas. 

 

Más info:

Del 4 de enero al 3 de marzo, todos los sábados.

www.carnavaldelpais.net