Por Leandro Vesco / Fuente: La Voz

La casa de Juan Ferreyra, junto a la de sus padres y sus tíos, no tiene más vecinos que un puñado de caballos. El resto es campo. Una vez pasó por ahí un puma. También un mono. Resulta extraño pensar que desde ese lugar campestre salieron los bocetos para la serie Falling Skies, o que pronto saldrá el story board para la secuela de la película Prometeo, de Ridley Scott. “Junto a algunos guionistas y dibujantes estamos haciendo una historia larga que mezcla cosas de Prometeo, Alien  y Depredador –cuenta Juan–. Es de Fox, que tiene la franquicia. Hice un número entero como secuela de la película  Prometeo y al final los de Fox quisieron ubicar la historia temporalmente después de la primera Alien, así que tengo que hacer todo el número de vuelta. Lástima, me había gustado cómo quedaba”, agrega.

La historia de Juan atrae. Desde la serranía cordobesa, aislado de la ciudad y del mainstream cultural e intelectual argentino, se da el gusto de ilustar proyectos internacionales de las máximas figuras del cine. Presenciar cómo el mundo de Juan Ferreyra brota de la punta de su lápiz, es embriagante; los círculos se convierten en rostros, los rostros se llenan de expresión y los cuerpos parecen a punto de salirse de las hojas: “Mi viejo y mis tíos también dibujan, pero todos por hobbie, yo soy el primero de la familia que lo hace por laburo –comenta–. A veces mi viejo me ayuda a pintar personajes. También me ayuda mi hermana o mi mujer”, dice divertido.

Juan lleva ocho años dibujando para Dark Horse (reconocida editorial independiente de Estados Unidos). El material que presenta queda en la empresa, contrato de confidencialidad mediante. “Ahora también estoy haciendo Colder, una historia fantástica de un tipo que se mete en la cabeza de los locos y los cura. Salieron cinco números y fue muy bien –explica–, así que ya estoy haciendo la segunda y tercera parte. Y de vez en cuando hago una tapa para alguna empresa, como DC Comics, por ejemplo”.  A nivel nacional Damián Szifrón lo ha convocado para trabajar, lo hizo ya en Relatos Salvajes y ahora cuenta: “Szifrón me llamó, nos juntamos, charlamos sobre el guion y yo le dibujé las escenas claves, en color a full para que le dé a su equipo los bocetos y que vean la onda –dice–. Antes de esta peli me había llamado para otra de ciencia ficción, con ese material se fue a Estados Unidos a buscar guita. No la consiguió”.

La relación con Szifrón surgió de casualidad en Córdoba, donde Juan le llevó su material. “Un par de años después me lo encontré comprando un sándwich en Buenos Aires, nos saludamos y quedamos en vernos después, él justo estaba con el proyecto de filmar El Eternauta. Me fui al cine a ver Superman –recuerda–. Ese cine tenía butacas numeradas y nos tocó sentarnos una butaca de por medio de casualidad. Szifrón también es fanático de Superman”. El proyecto de El Eternauta quedó frizado. Ahora el director está por hacer una peli de cowboys con actores yanquis en la Argentina. “También le hice el póster para eso”, adelanta Juan con humildad.

A este encargo se le sumó hacer la tapa para la segunda parte de la película Constantine: “El cómic es mucho mejor, Keanu Reeves es aburrido”, confiesa el cordobés. Acaso una de las anécdotas más interesantes es acerca de su trabajo en Falling Skies. “Antes de que saliera la serie hice el cómic para promocionarla y contamos todo lo que pasaba antes del primer capítulo. Hice póster y todo. Yo me contactaba con un tipo que me iba haciendo cambios, todo por mail. No tenía idea de quién era. Resultó ser Spielberg. Menos mal que me enteré después, porque si no me hacía pis encima”, se ríe.

En la historia profesional de Ferreyra también hay un videoclip que hizo para un concurso de MTV. Se buscaba en Latinoamérica a un realizador que le pusiera imágenes al tema National Anthem, de Radiohead. Esa fue la vez que más dibujó. Lo hizo en tres semanas, con animación y todo, sin salir de la compu. “Se me acalambraron los dedos de tanto usar el mouse”, recuerda. Su animación triunfó y se ganó un viaje para ver a la banda en Estados Unidos. Este cordobés nacido en 1978, con sólo diez años trabajando para las principales editoriales y productoras del mundo, todavía confiesa que se emociona cuando le pasan cosas importantes. “Si no me pusiera nervioso, sería aburrido”, dice. Es un elegido.