Por Matilde Moyano

A partir del 23 de marzo la mayoría de los sitios de turismo de grandes simios (gorilas, chimpancés y orangutanes) en el mundo cerraron sus puertas. Mientras se desarrolle una vacuna contra el Covid-19, diferentes entidades que forman parte de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza publicaron una declaración conjunta en la cual se recomienda que “las visitas de grandes simios por parte de los humanos se reduzcan al mínimo necesario para garantizar el monitoreo de seguridad y salud” de los ejemplares. Se propuso además la reducción de la investigación de campo. Asimismo, pidieron mecanismos “para compensar la pérdida de ganancias y empleo del turismo”.

La cercanía con los humanos puede convertirse en una amenaza para la conservación de las especies durante brotes de enfermedades infeccionas como el COVID-19. “Tanto los humanos como los grandes simios son susceptibles a las enfermedades infecciosas, e introducir patógenos humanos en la gran población de simios podría provocar pérdidas catastróficas”, indica un artículo del Programa de Medio Ambiente de la Ornagización de las Naciones Unidas.

Johannes Refisch, coordinador del programa que dirige la Alianza para la Supervivencia de los Grandes Simios, explica por qué la prevención de enfermedades es crucial para la conservación de estas especies:

La posibilidad de infección es un riesgo de conservación. Todavía no sabemos si los grandes simios son susceptibles a este virus, pero sí sabemos que chimpancés silvestres fueron infectados con el coronavirus humano OC43 en Costa de Marfil, y que los grandes simios pueden infectarse con muchos otros patógenos respiratorios humanos.”, explicó el especialista.

En relación a las posibles consecuencias de la infección en grandes simios, Refisch indicó lo grave que estas serían, ya que la supervivencia de estas especies ya se encuentra amenazada por la pérdida de hábitat, la caza ilegal y otras enfermedades. El ébola, por ejemplo, una fiebre hemorrágica que afecta tanto a los humanos como a los grandes simios, ha llevado a tasas de mortalidad de hasta 95% en gorilas y los cálculos indican que algunas de esas poblaciones afectadas necesitarán más de 130 años para recuperarse.”

Además, hay que tener en cuenta el riesgo de infección humana a través de los grandes simios: “Debido a nuestra proximidad genética, los humanos pueden transmitir enfermedades a estos animales, pero también pueden contraer enfermedades de estos. Nuevamente, el ébola ejemplifica un caso en el que los humanos y los grandes simios se vieron afectados. Existe evidencia de que cazadores contrajeron la enfermedad al consumir la carne infectada de gorilas que habían muerto a causa del ébola.”

Por último y no menos importante, Refisch advirtió que “a largo plazo, será fundamental comprender mejor la propagación de enfermedades entre animales y personas, ya que cada vez hay más pruebas de que la pérdida de hábitat y biodiversidad ha facilitado la propagación de enfermedades zoonóticas.”