uáles son las prioridades que piensa imprimir a su gestión al frente del Ipcva?
–         El desafío más importante es recuperar el rodeo nacional. Se han perdido 11,4 millones de cabezas y 7 mil productores ganaderos quedaron en el camino o dejaron la actividad. Nos quedan, según nuestras estadísticas, 48,5 millones de cabezas. El desafío hoy es ver cómo el instituto, que está al servicio del productor y de la cadena de la carne, puede acercar herramientas tanto sanitarias como forrajeras en las distintas regiones. Porque cada región es un mundo y cada campo y cada predio tiene sus propias características. Para eso tenemos que tener una sustentabilidad, porque el productor necesita tener certeza de que la producción se podrá sostener económicamente. Que de acá a tres o cuatro años, cuando se vaya cerrando el círculo productivo, la inversión que hoy está haciendo el ganadero tecnificando en su campo, guardando la ganadería o reteniendo madres, le dé la certeza de que tendrá rentabilidad. Por lo tanto, necesitamos de políticas activas que con toda la cadena de la carne, el Instituto y los distintos organismos de investigación, podamos realizar ese objetivo.
-Y está el Estado también. Supongo. ¿No?
-Claro, el Estado tiene un rol fundamental. Debe buscar las coincidencias y un plan agropecuario o ganadero que en el mediano o largo plazo, por más que cambien los gobiernos haya sustentabilidad. Políticas de Estado activas.
-En un primer momento, el Instituto estuvo vinculado con la construcción de una imagen de nuestra carne en el exterior y con la conquista de mercados. ¿Hoy está obligado a mirar hacia adentro?
-El Instituto tiene, para mí, dos etapas bien definidas. Primero, en el comienzo, la prioritario era ponerlo en marcha y en esa época tuvo una excelente actuación el grupo de hombres que lideraba nuestro primer presidente, Arturo Llavallol (SRA). Después, vino la época de tratar de conquistar los mercados del mundo, que fue una tarea a cargo de su sucesor, Dardo Chiesa (CRA), realizada maravillosamente. Pero a Dardo también le toca comenzar la etapa que viene después de 2006, cuando aparecen los problemas para exportar, y empiezan las jornadas a campo y seminarios. En este año, por ejemplo, ya está definido, participaremos en tres ferias internacionales, en China en Mayo, en Moscú y en Alemania. Por ahora, nuestra exportación mayoritaria es de Cuota Hilton, en Europa, pero se está abriendo China.
-Mientras tanto, hay que convencer al productor de que vuelva a hacer carne.
-Ya hay una tendencia en los productores. En provincias como la mía fundamentalmente, o como Santiago del Estero, los productores ya están apostando a las retenciones de vientres, a dejar todas las terneras. El productor ganadero es muy tradicionalista en lo que hace al manejo de los rodeos, pero muy predispuesto a la innovación. Aplica nuevas tecnologías, y se equipara en eso al productor agrícola, también pendiente de los nuevos paquetes tecnológicos. Esto no sólo significa avance científico o maquinarias, sino que también significa tener sanidad, mantener mayor índice de parición por animal, etcétera.
-El aporte de la genética.
-Bueno, justamente nosotros en genética somos pioneros. Hay cabañas importantes de Argentina que no sólo están exportando semen sino embriones. A los mismos países de origen de las razas británicas, por ejemplo. Uno lo ve en la exposición máxima, pero si visitás cabañas realmente la innovación y la tecnología que tiene el ganadero es más que importante.
-Pero hasta hace poco, el productor no eficiente quizás metía tecnología en su agricultura, pero tiraba las vacas en el patio del fondo. ¿O no?
-Por supuesto, pero eso es porque no había rentabilidad. No había precio para la carne. Entonces, se sentía desincentivado al respecto. Hoy tiene precios y rentabilidad, por lo tanto está motivado, y quiere producir. El temor que por ahí tiene el productor es la posibilidad de que en tres o cuatro años no sigan las políticas que ahora se aplican y que son positivas. El productor necesita certezas.
-¿En cuántos años se necesitan para recuperar un stock vacuno más o menos aceptable?
-No menos de cuatro a cinco años, sólo para recuperar el stock que consumimos en sólo dos. Pero eso va a depender muchísimo de la posibilidad de rentabilidad. El productor que  ha sabido ser exclusivamente ganadero, hoy apuesta todo a un planteo de agricultura y ganadería.
-El Gobierno anunció que este año aumentó la Cuota Hilton, pero el sector exportador asegura estar pasando un mal momento y varios frigoríficos importantes están en grave crisis. ¿En qué quedamos?
-Las crisis en los últimos años en la Argentina fueron llevadas por las malas políticas que se estuvieron aplicando, fundamentalmente el control de los mercados a través de la asignación los ROE. Hoy parece ser que la cuota que vence este año se agregan 2 mil toneladas a las 28 mil tradicionales, por Rumania y Bulgaria, que entran a la comunidad, y entonces nos reconocen 2 mil toneladas más a partir de junio. Eso va a servir para paliar, y fundamentalmente, la posibilidad de ubicar los cortes de mayor valor. Los frigoríficos más importantes van a poder exportar más, pero también van a poder ubicar en el mercado interno los cortes más populares. También están por explotar mercados como China, que consumen cortes que nosotros no consumimos, que se están abriendo y ya están en marcha. Por eso mismo creo que la crisis actual de la industria frigorífica, si es manejada adecuadamente, les permitirá adecuarse a los nuevos desafíos y quizás achicar sus estructuras, pero no desaparecer. Lo que pasa es que la base de nuestra industria frigorífica es trabajar con una capacidad de 20 millones de cabezas, y hoy tenemos menos de 10 millones. Hay que recomponer toda la relación de la cadena cárnica.
-Con la recuperación del precio de la carne en el mercado interno, ¿la gente dejó de consumir?
-Hay una publicidad del Instituto que dice que “El 80 por ciento de la carne que producimos la consumimos aquí”. Y el 20 por ciento restante, se exportaba. Hoy se exporta mucho menos, y se consume más domésticamente. A los precios los tracciona el consumo interno. Los argentinos tenemos una cultura cárnica que nos impedirá dejar de consumir carne, o consumir menos. Nuestra cultura de la carne es como la del mate. Nuestro país consume entre 52 y 55 kilos por persona, por año.
-La Presidenta salió a hacer compras esta semana. En un puesto del gobierno le cobraron la milanesa a 25 pesos el kilo, y la carne picada a 6 pesos.  ¿Vamos a conseguir de verdad comprar por esos precios en la carnicería?
-Yo creo que ésas son políticas del Estado para darles carne a los que menos tienen, a través de los puestos instalados por el Gobierno.
-¿Pero eso no va a ayudar a traccionar un poquito los precios para abajo?
-Para nada. Nos decían que diariamente podían llegar a vender entre 4 y 7 mil kilos. Eso no puede mover el amperímetro de todo un mercado.
-¿Qué opina de los anunciados subsidios  para productores?
-Son créditos a tasa baja para recomponer stock, para forraje y para instalaciones ganaderas. Es decir, para que el productor vuelva a invertir en ganadería. Y lo que necesita el productor, justamente, son herramientas como ésa. Hoy los ganaderos que dejaron la actividad necesitan de recursos financieros a tasa razonable o baja. Y esto, sin duda, ayuda.