Cerca de la localidad de Chaján, Córdoba, a 77 kilómetros de Río Cuarto por la ruta nacional 8 y casi en el límite con San Luis, surgió un nuevo río que comienza en el cerro La Paraguaya, al noroeste de Chaján, recorre 12 kilómetros hasta la ruta nacional 8 y otros 12 kilómetros más hacia el sur, hasta desembocar en el río Chaján.

Stella Bogino, investigadora de la Universidad Nacional de San Luis y estudiosa de los ecosistemas boscosos, relató a La Voz del Interior que los pobladores del lugar aseguraron que el río surgió luego de dos lluvias de más de 100 milímetros en noviembre, y que los días previos a su formación se escucharon estruendos en la zona, similares al ruido de una turbina de avión.

Sergio Etchepare, integrante del consorcio caminero de Chaján, explicó que las barrancas tienen entre 5 y 6 metros de alto y de 10 a 15 metros de ancho. “El río en sí tendrá una profundidad de un metro por dos de ancho”, indicó, y explicó que esto trajo muchas complicaciones en los caminos, ya que hay diez campos cortados al medio. Por suerte la ruta nacional 8 está alta y tiene alcantarillas para que el agua pase.

Los expertos asocian este hecho a la deforestación de la región ocurrida durante los últimos 60 años.

En 1962 quedaba la mitad de los bosques secos de caldén y algarrobo que cubrían esa asociada al cerro El Morro en San Luis. En la actualidad hay menos del 10 por ciento de este ecosistema original.

En la década de 2000 ya había surgido un río en San Luis que recorre 40 kilómetros de norte a sur hasta desembocar en el río Quinto. Durante su trayecto genera inconvenientes en campos y de infraestructura. Es un curso de agua que todavía no está en equilibrio con lo cual es difícil proyectar puentes. Provoca anegamientos en las rutas nacionales 7 y 8 cerca de Villa Mercedes.

Una tesis doctoral de Celina Santoni de 2004 estudió las posibles causas de formación de estos cursos de agua en la cuenca de El Morro. Hasta esa fecha había contabilizado la formación de 17 nuevos ríos, todos ubicados en San Luis.

“El avance de la agricultura en la región juega un papel preponderante sobre los cambios hidrológicos. Las observaciones planteadas apoyan la idea que los aumentos en las precipitaciones o los sismos por sí solos no han modificado la circulación de agua en la cuenca, pero sí lo han hecho en concordancia con el avance agrícola registrado en los últimos 60 años en la cuenca”, resume el trabajo.

Un trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) asegura que este fenómeno seguirá creciendo de forma exponencial como lo ha hecho en las últimas tres décadas: “La cubierta agrícola alteró este balance hídrico. Vegetación anual, raíces menos profundas, períodos largos de barbecho en los que se busca acumular agua en el suelo favorecieron el drenaje profundo y la recarga freática y generaron ascensos de nivel y flujos subterráneos más veloces”.