Cuando un uruguayo triunfa, los argentinos tenemos la costumbre de hacerlo inmediatamente: “rioplatense”. Pero en el caso de Figari, quien hizo su primera y su última exposición en Buenos Aires, y aquí tuvo su consagración, él mismo orgullosamente se llamaba rioplatense, resultando la excepción a la norma.
Pedro Figari nació en Montevideo el 28 de junio de 1861, hijo de inmigrantes genoveses, tuvo ocho hermanos. Su padre había hecho fortuna como comerciante y adquirió una chacra en el paraje de Tres Cruces. Allí el joven Pedro comenzó a pintar los primeros paisajes. Siempre fue un dibujante aficionado, pero su vocación artística fue postergada durante mucho tiempo por su profesión: la abogacía.
Fue un gran jurista, abogado de oficio de pobres y ausentes; hombre generoso, fue también periodista y diputado en varias oportunidades, siempre por el Partido Colorado. Desengañado porque no había podido desarrollar la Escuela de Artes y Oficios como él la quería, no como un mero reformatorio de chicos sino como base de sustentación para el trabajo y la creatividad individual, “quema las naves”… Ya separado de su mujer, decide emigrar y con algunos de sus hijos “cruza el charco” hacia Buenos Aires en 1921 y se dedica de lleno a la pintura. Vive en Charcas y Esmeralda, en un primer piso. A los 59 años inaugura su primera exposición en la prestigiosa Galería Müller de la calle Florida, junto con su hijo Juan Carlos, arquitecto y gran artista, algunas obras incluso están pintadas “a cuatro manos”. A pesar de la buena crítica, se vende una sola obra, que es adquirida por el pintor francés Jules Grün, quien se encontraba de paso por Buenos Aires.
Pronto comienza a hacerse de amigos, los hermanos González Garaño (grandes coleccionistas de sus obras y que luego donaran al Museo Nacional de Bellas Artes), los escritores Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges, y tanto otros, pero sin duda el “alma mater” es Manuel Güiraldes (ex intendente de la ciudad), padre de Ricardo (autor de Don Segundo Sombra). Manuel será su gran amigo, consejero y también administrador de su obra dejada en custodia, cuando Figari viaja a París en 1925, y su mecenas…
Durante casi nueve años se radica en París, desde donde proyecta exposiciones en Europa y América y continúa pintando, como siempre “recuerdos”. Sus cartones siempre evocan los momentos vividos, junto a los gauchos y sus costumbres, como así también los “negros” y sus típicos “candombes”. Los perros, los caballos de Figari no buscan una descripción del animal, sino la idea del cansancio, o el movimiento… Algunas veces hizo temas históricos como el asesinato de Quiroga en Barranca Yaco, inspirado en el libro “Facundo” de Domingo Faustino Sarmiento.
En 1933 regresa a su tierra natal. En 1938 viaja a Buenos Aires e inaugura una exitosa exposición, que será la última… El 21 de julio, ya de regreso en Montevideo, fallece a los 77 años.
En tan sólo 15 años llegó a realizar casi 4.000 pinturas. Cuando murió, el 60 por ciento de las obras queda en la sucesión, quiere decir que el resto le había servido para vivir los últimos 20 años de su vida y también cumplir con regalos y atenciones.