En la más completa soledad, hace 130 años que la luz del Faro de Río Negro alumbra a los marinos que en alta mar desafían los mares del fin del mundo. Asentado sobre el borde de un acantilado en la zona conocida hoy como Balneario El Condor, fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la ONU. Se realizó un acto para homenajear a este Monumento Nacional tan importante para los marinos patagónicos.

El Faro entró en servicio un 25 de mayo de 1887, cuando aún la patria no tenía ni siquiera un siglo, por este motivo, este jueves hubo un acto especial en las instalaciones de este faro que es el primero continental en nuestro país y el más antiguo en actividad. En 130 años, su luz nunca se ha apagado. Desde su posición es posible ver cómo el río se funde con el mar, el litoral atlántico argentino muestra un paisaje inigualable. Por las paredes de este edificio es oyen voces e historias de tiempos en donde la soledad era aún más pesada que la actual.

Para celebrar el aniversario de la Patria y del Faro, se hicieron presentes el Director del Servicio de Hidrografía Naval Comodoro de Marina, Valentín Alejandro Sanz Rodríguez, el intendente de Viedma, José Luís Foulkes; el vicegobernador Pedro Pesatti; la ministra de Educación, Mónica Silva; el presidente del Tribunal de Cuentas, Carlos Cerone; veteranos de Malvinas, y funcionarios provinciales, municipales y concejales de Viedma, se recordó la importancia que ha tenido y que tiene este Faro para la historia argentina.

La construcción del Faro comenzó el 8 de octubre de 1886 y se terminó el 25 de mayo del año siguiente, se hizo a instancias del entonces gobernador de Río Negro, General Lorenzo Vintter y del Teniente Coronel de la marina, Martín Rivadavia. La entrada al río Negro se presentaba para los marinos con varios obstáculos, por lo que fue determinante para el desarrollo y la defensa de la patria la construcción del Faro.

En un principio tenia una altura de 12 metros (hoy cuatro más), la iluminación se hacía a través de una lámpara de aceite, luego se reemplazó por un equipo a gas, luego a kerosén y por último a gas acetileno. Hoy tiene una lámpara de 1000 watts, gracias a un sistema óptico de concentración de luz le da un alcance de 16 millas náuticas, es decir, unos 30 kilómetros. La construcción tiene una base cilíndrica con garita superior y una casa hexagonal, hay que subir 64 escalones para alcanzar los 16 metros de la torre.

En la melancolía de esta playa, a lo largo del tiempo han pasado miles de barcos que persiguen el punto cardinal Sur, allí donde el mundo parece acabar. Antes, los barcos ven como una buena señal, la luz del solitario faro Río Negro.