No son buenos tiempos para los trabajadores patagónicos y su futuro no tiene una buena perspectiva. Los recolectores de frutas del Alto Valle acaso sean los últimos vestigios de los llamados trabajos golondrinas, importante fuente laboral regional: la recolección manual de frutas tiene los días contados. La Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI) planteó la necesidad de mecanizar la actividad, dejando sin trabajo a cientos de familias.

La recolección en el Alto Valle es histórica fuente de trabajo para cientos de hombres que se acercan de todo el país para las fértiles plantaciones de peras, duraznos y manzanas. Quedan allí y se van pasando de campo a campo hasta completar la dura tarea. Pero más que un trabajo es un estilo de vida, y para los recolectores de la región es la única fuente de trabajo, la familia en su núcleo depende de la fruta, de su recolección y luego de su venta. Ahora, las máquinas harán ese trabajo.

La CAFI planteó la necesidad de mecanizar el trabajo en una reunión que se hizo la semana pasada. Se comparó la situación con Chile y Brasil, donde desde hace años la recolección está mecanizada y se llegó a la conclusión de que en Argentina la actividad está atrasada. El tiempo que pusieron para llevar a cabo el traspaso hacia la incorporación de tecnología es mayo de 2017, donde planean hacer una feria internacional sobre mecanización de la fruticultura.

Lejos de acompañar a los trabajadores, la provincia va a participar del encuentro y estará a cargo de la organización del mismo. El Secretario de Fruticultura, Alberto Diomedi ya viajó a Uruguay con dos productores de la región para ver cómo hacen el trabajo en Uruguay, donde también el modelo se ha repetido, dejando de lado la fuerza de trabajo humana para darle paso a las máquinas. Uruguay tiene 5000 hectáreas de frutales, casi todos son manzanas, y toda la recolección lo hacen las máquinas que podan y ralean en forma mecánica y en menos tiempo que un hombre.

Las máquinas recolectoras salen $400.000. “Pensamos que es factible comprarla, se podría hace una compra asociativa con el INTA y hasta prestar el servicio de poda”. A la alegría empresarial y provincial por la esperanza de modernizar la producción de frutas, ninguno de los actores de esta historia han mencionado a los trabajadores que a partir del otro año dejarán de tener lo que para ellos fue su histórica fuente de ingreso. Con la mecanización de la fruticultura se abrirá la puerta al éxodo de los habitantes de los pequeños pueblos y parajes que viven de esto y que deberán irse a las ciudades para buscar un trabajo.