Fino realista, de una imagen diferente, trabajador incansable, mal catalogado como híper realista, simplemente es un pintor figurativo que trabaja con modelo y a veces con documentación fotográfica. Los blancos y los tonos cálidos son su fuerte.
Juan Manuel Jaimes Roy nació el 11 de septiembre de 1975, en Córdoba. Desde niño sus juegos se ligaban a crear con las manos: dibujaba personajes, hacía casas y fuertes para los muñequitos de cowboys, o armando fondos del teatro para títeres.
A los 10 años entró a estudiar al taller del profesor Elvio Sentieri, quien durante tres años supo guiarlo en el aprendizaje del dibujo: perspectivas, sombras y líneas. Más tarde, al ver una obra de Miguel Pons Tous, un artista mallorquín radicado en Córdoba, se impactó por la pureza con la que fueron pintados aquellos objetos “tan reales”. Lo visitó en su taller y logró que le diera clases. Juan Manuel se aboca ahora al estudio de la técnica del óleo y aprende a “ajustar la mano y el ojo al modelo”, según sus palabras. Pronto, con tan sólo 15 años, realizará su primera exposición individual, en una galería cordobesa.
Desde entonces la pintura es para él más que una vocación, es su vida. “Mi rutina laboral, es de todos los días unas diez horas mínimas. Me gusta trabajar con el taller ordenado y en armonía, acompañado de los elementos que pinto y objetos personales, tener a mano libros, escritos o fotografías que me han llamado alguna vez la atención. Disfruto mucho el pintar de noche. La noche en mí tiene una cierta magia, me complace y produce una conexión con lo que voy sintiendo en mi proceso creativo. Ya decía Picasso: ‘que la inspiración me encuentre trabajando.’”
En 1997 tuve la oportunidad de conocer su obra, cuando participó en el concurso de pintura sobre la temática del Tango, que organizamos en el Palais de Glace. Su obra fue seleccionada y expuesta allí, junto a la de grandes artistas.
Ese mismo año concretó su tan ansiado viaje a Europa. Quería estar personalmente frente a las obras de sus admirados Velázquez, Zurbarán y Goya. Durante un año vivió, trabajó y expuso en Palma de Mallorca y recorrió los principales museos europeos. “Pero mi deslumbre es cuando conozco Venecia y sin saber no hago más que comprar máscaras, galeras, antifaces y trajes y distintos objetos que me cautivaban como si quisiera traer conmigo pedazos de lo que veía o sentía”, nos cuenta hoy Juan Manuel.
Esta experiencia lo acerca a la representación de la figura humana, enmarcada en un sentimiento veneciano, aunque no abandona totalmente sus bodegones. Busca en sus personajes que se vean como inalcanzables; simula una escena, un “final de ópera”, una situación armada pero donde el sentimiento se sienta real. Expresa el artista: “El proceso creativo no sólo va sujeto a la hechura del cuadro, empieza desde el momento que nace la idea compositiva y en la búsqueda de los elementos que necesito para llevarla a cabo, desde una vestimenta, un jarrón, un paño, pero que esquematice lo que pretendo expresar por medio de ellos…”.
Sin duda es actualmente uno de los representantes de la escuela figurativa y uno de los más importantes de Córdoba, junto a Roger Mantegani y Miguel Avataneo.