Para la francesa Renault, el auto eléctrico es uno de sus objetivos y es por esa razón que desde hace un tiempo se puso manos a la obra para el desarrollo de este tipo de vehículos que ya son una realidad concreta, más allá de que las estimaciones indiquen que representará el 10 por ciento de las ventas para 2020. Estos modelos nacen con la limitación de una autonomía (promedio real de 160 km) que no permite realizar grandes viajes, pero salvo por este detalle, parecen preferibles a los de combustión en el resto de su funcionamiento. Más suaves, silenciosos y económicos de operar.
Para lograr un concepto más funcional, Renault debió realizarle algunas modificaciones al Fluence que todos conocemos. Más allá de los emblemas y otros detalles terminados en tono azul la carrocería mide 13 cm más para poder recibir la batería en el baúl y que este no quede reducido a prácticamente nada. Aún así y a pesar de contar con una longitud total de 4,75 metros, el Z.E. se conforma con una capacidad de 317 dm3 de formas poco regulares. Teniendo en cuenta las limitaciones de autonomía, tampoco debe ser un problema grave, debido a que no sería útil como vehículo para irse de viaje en las vacaciones. Como detalle, no tiene rueda de auxilio y en su lugar ofrece un kit de reparación con un compresor de aire incluido.
Por su parte, las ópticas reciben un tratamiento especial que lo diferencian claramente del modelo que se vende en nuestro país, mientras que la caída del techo se ha suavizado ligeramente para que la longitud adicional no parezca un injerto desproporcionado. En lugar de la tapa de combustible convencional posee dos que alojan las tomas para el enchufe a cada lado de los guardabarros delanteros.
La velocidad máxima del Fluence está limitada a 135 km/h y logra una autonomía (según el fabricante) de 185 km en condiciones normales aunque si el clima es adverso, el terreno tiene muchas pendientes y si se opta por un manejo deportivo el rango de utilización puede reducirse a solo 80 kilómetros. En la autopista viajando rápido, la aguja de carga cae muy rápido. Debajo del capó aloja un motor eléctrico que desarrolla una potencia máxima de 70 kW (95 CV). Funciona gracias a la energía almacenada en la batería de iones de litio y la única manera de recargarla, además de la pequeña carga que se obtiene en las desaceleraciones, es conectándola a la red eléctrica.
La batería no necesita mantenimiento y conserva entre el 80% y el 100 % de su capacidad durante seis años. La garantía oficial es de 10 años o 200.000 km, pero no es propiedad de Renault y en su lugar se ofrece en alquiler que cuesta 82 euros por mes. Algunos países como Israel poseen una infraestructura experimental de cambio rápido de baterías Quick Drop para los Fluence Z.E. La operación se completa en tres minutos sin intervención del conductor. Este servicio, suministrado por la compañía Better Place, también está disponible en Dinamarca y Australia. Una red extensa de este tipo permitiría reemplazar la batería agotada por una cargada sin tener que esperar las horas necesarias para la recarga y, de este modo, poder realizar viajes largos con una demora similar a la carga de un vehículo de combustión.