Por Leandro Vesco

El Galpón no es el mismo desde el sábado pasado cuando un terremoto sacudió las bases de todas las casas del pueblo destruyéndolas casi en su totalidad. Pueblo viejo pero vivo, típica localidad del interior de nuestro país, no pudo con la naturaleza y en quince segundos quedó a punto de desaparecer, una anciana muerta, una treintena de heridos y destrozos totales dejó como resultado el sismo de 5.9 en la escala de Richter.

El pueblo está conmocionado y muchos aún no salen del asombro. Temen nuevas réplicas. Para ayudar a restablecer el orden y prevenir saqueos, el gobierno decidió cerrar el pueblo. Las Autoridades sólo dejan ingresar a las personas que pueden comprobar que son habitantes de El Galpón.

La medida se extenderá por lo menos hasta hoy martes. Hay mucho para hacer. Los escombros están por todas partes, el Ejército realiza tareas de limpieza, sacando escombros y evitando nuevos derrumbes, pero también demoliendo edificios y viejas viviendas que quedaron destrozadas, como es el caso de la Escuela de El Galpón.

La Escuela Magdalena Güemes de Tejada había sido remodelada por completo hace dos años para precisamente darle la posibilidad de que siguiera funcionando, pero la fuerza  telúrica no perdona ni tampoco se fija en cuales edificios preservar. La Escuela quedó destrozada, y ayer para evitar el derrumbe fue demolida. Los padres de los 700 alumnos que concurrían todos los días no dejan de pensar en que a pesar de la tragedia, lo que sucedió fue un milagro: el sismo ocurrió un día en el que no había clases.

Las calles del pueblo parecen una postal de un lugar asediado por las bombas. No hay una sola calle en la que no se vea las consecuencias del terremoto. Será difícil volver a levantar el pueblo. El daño es grande y perdura en la población el miedo a que esto aún no ha terminado. Desde aquel terremoto en Chile, toda la región se ha quedado sentida y afectada por recurrentes movimientos de placas subterráneas.

Todo pasó el sábado y duró apenas 15 segundos. El sismo ocurrió a las 8:33 en cercanías de la localidad de Metán, con una magnitud de 5,9 grados en la escala de Richter y dos réplicas durante la mañana de casi 3 grados cada una. Fuentes policiales y médicos de la zona señalaron que a raíz del sismo Albertina Flores, de 94 años, falleció en su cama cuando le cayó encima una viga de la habitación de su casa que se derrumbó. La mujer “estaba postrada en su cama y le cayó un tirante en la cabeza y la mató”, indicó el jefe de guardia del hospital local, Julio Say. El médico señaló también que en el hospital recibieron “4 o 5 heridos leves, cortados, algún trauma y mucho susto”

El gobernador Juan Manuel Urtubey se desplazó hacia esa localidad a primera hora con funcionarios de su gabinete para contener la situación luego de que el Intendente Héctor Romero hiciera un llamado desesperado a través de las radios por la destrucción que dejó el temblor en esa ciudad.

El propio Jefe Comunal fue enfático y en aquella  declaración radial manifestó “Estamos sin agua, sin luz, es de terror lo que estamos viviendo los galponenses.  Gracias a Dios esto fue en día sábado, si no nos agarraba a todos los niños adentro de la Escuela.  No sabemos qué hacer. No tenemos nada, no tenemos bomberos, no sabemos cómo nos vamos a manejar. No quedó nada en pie: necesitamos bomberos, Defensa Civil, alguien que nos coordine, alguien que nos ayude”.

Aquellos que estaban en la calle declararon que fueron quince segundos que parecieron una eternidad, todas las estructuras del pueblo se movían y aquellos que estaban en la ruta salvaron sus vidas de milagro debida a la avalancha de rocas que caían desde los cerros. Lo cierto es que este pueblo tranquilo que fue fundado en 1859 y que lleva este nombre por haber sido el lugar en donde existían galpones donde se guardaba la producción de la zona para comercializarla luego al Paraguay, hoy debe pasar por el peor momento de su existencia. Sólo la unión de sus vecinos y la ayuda de las autoridades, pero más lo primero será necesario para que los siete mil galponenses vuelven a tener su pueblo y normalidad en sus vidas.

Mientras tanto, la Madre Tierra habla con su lengua de quejidos telúricos anunciando el mucho dolor que tantos hombres le han producido en estos últimos tiempos con el descontrol ambiental que se lleva a cabo en todo nuestro suelo, su piel.