El Tribunal Superior de San Francisco, California, declaró responsable a la multinacional Monsanto (adquirida recientemente por Bayer) por ocultar la toxicidad del glifosato, que enfermó de cáncer a Dewayne Johnson, un hombre que estuvo en contacto durante dos años con este herbicida creado por el gigante biotecnológico que ahora deberá pagar 289 millones de dólares por daños y perjuicios.

Johnson, de 46 años, a quien le diagnosticaron apenas dos años más de vida, es un ex gerente de control de plagas, quien aplicó el herbicida hasta 30 veces al año. Su causa fue acelerada debido a la gravedad de su linfoma no Hodgkin, un cáncer del sistema linfático causado por Roundup y Ranger Pro, ambos herbicidas a base de glifosato.

Según el tribunal, Monsanto actuó con malicia, ya que “conoce la elevada toxicidad del glifosato y no se ocupó de advertirlo de forma adecuada”.

El glifosato, hallado en nuestro país en algodón, gasas y tampones, es un veneno que utiliza el sistema de agroproducción para eliminar malezas en cultivos genéticamente modificados como soja, maíz, trigo y algodón, ya que estos resisten su nivel de toxicidad. En Argentina se utilizan más de 200.000 toneladas anuales de este veneno, una cantidad que va creciendo, ya que además de que las plantas desarrollan tolerancia, el glifosato comenzó a generar sus propias malezas.

Recordemos que en nuestro país, el año pasado el Ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, expresó que “El glifosato bien aplicado es inocuo. Se desactiva cuando toca el suelo”, y años atrás Lino Barañao, Ministro de Ciencia y Tecnología, indicó que el daño que puede causar el glifosato era equivalente al que puede ocasionaragua con sal”.

Si este hombre estadounidense se convirtió ahora en un caso emblemático que vino a confirmar que el glifosato causa cáncer, tenemos que saber que en nuestro país esto también sucede en cientos de casos de personas afectadas, principalmente en los “pueblos fumigados“. Podemos citar como ejemplo a la localidad cordobesa Monte Maíz, donde tiempo atrás quedó científicamente demostrada la asociación entre cáncer y exposición ambiental por contaminación con glifosato.

Si bien se suele citar la categorización como ‘probablemente cancerígeno’ que otorgó al glifosato la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta no es la única evidencia de la peligrosidad de este herbicida, la cual quedó demostrada por innumerables trabajos científicos, médicos y otras voces nacionales e internacionales:

Puede causar cáncer.
> Afecta la biodiversidad de los bosques nativos.
> Está generando sus propias malezas.
> Se acumula en los campos argentinos. 
> Vuelve impermeables los suelos. 
> Se concentra en los sedimentos de la cuenca del río Paraná.
> Puede ocasionar efectos irreversibles en el sistema nervioso.
> Puede impedir el desarrollo embrionario y fetal.
> Enferma a los habitantes de los ´pueblos fumigados‘, a las escuelas rurales.
> Está presente en nuestros alimentos, en helados, en vinos de California, en cervezas alemanas, en alimentos del desayuno en Estados Unidos, en miel uruguaya.
> Está presente en nuestra sangre.
> Está presente en algodón, gasas, tampones, y pañales.
> Es objeto de estudio de más de 830 investigaciones científicas que demuestran el daño que ocasiona a la salud.

Recordemos que Monsanto fue juzgada por el delito de Ecocidio por un Tribunal Internacional en La Haya, Países Bajos, donde víctimas, testigos, médicos y expertos de todo el mundo (incuido nuestro país) expusieron sus testimonios. Uno de ellos a cargo de la mamá de una niña del interior de la provincia de Buenos Aires que padece una malformación congénita, una insólita enfermedad que nada tiene de casual, ya que al lado de su casa se encontraba un depósito de glifosato.

Recientemente Sergio Bergman, Lino Barañao, Adolfo Rubinstein y Luis Miguel Etchevehere, ministros de Ambiente, Ciencia, Salud y Agroindustria respectivamente, presentaron los “principios y recomendaciones” para la aplicación de agrotóxicos de manera “sostenible y sustentable”, sin embargo no establecen las distancias preventivas necesarias para proteger la salud.

Por Matilde Moyano