Por Matilde Moyano

En agosto de 2018, la justicia estadounidense declaró responsable a la multinacional Monsanto (adquirida por Bayer) por ocultar la toxicidad del glifosato (o Roundup) que enfermó de cáncer a Dewayne Johnson, un hombre que estuvo en contacto durante dos años con este herbicida creado por el gigante biotecnológico que debió pagar 289 millones de dólares por daños y perjuicios.

En una nueva ocasión, el pasado martes la Corte Federal de San Francisco dictaminó que el glifosato contribuyó a que Edwin Hardeman (70), de Santa Rosa, desarrollara un linfoma no Hodgkin (LNH), un cáncer que afecta el sistema inmunológico. El hombre fumigó con este herbicida durante casi tres décadas antes de que le diagnosticaran cáncer. Desde 1986, usó el agrotóxico para controlar malezas y un roble venenoso en sus propiedades.

Tras el veredicto, el proceso iniciará su segunda etapa, sobre una posible responsabilidad de Monsanto. La primera etapa estableció unicamente la relación casual entre el glifosato y el cáncer. Ahora los abogados de Hardeman presentarán la evidencia que muestra los esfuerzos de la compañía para influir en científicos, reguladores gubernamentales y el público en general sobre la seguridad de sus productos, algo que no se les permitió en la etapa inicial.

Solamente en Estados Unidos, Monsanto enfrenta más de 11.200 juicios similares. Mientras tanto en nuestro país se utilizan más de 200.000 toneladas anuales de este veneno. Recordemos que el Ministro de Agroindustria, Luis Miguel Etchevehere, expresó que “El glifosato bien aplicado es inocuo. Se desactiva cuando toca el suelo” (2017), y que años atrás Lino Barañao, Ministro de Ciencia y Tecnología, indicó que el daño que puede causar el glifosato era equivalente al que puede ocasionar “agua con sal”.

En 2016 Monsanto fue juzgada por el delito de Ecocidio por un Tribunal Internacional en La Haya, Países Bajos, donde víctimas, testigos, médicos y expertos de todo el mundo (incuido nuestro país) expusieron sus testimonios. Uno de ellos a cargo de la mamá de una niña del interior de la provincia de Buenos Aires que padece una malformación congénita, una insólita enfermedad que nada tiene de casual, ya que al lado de su casa se encontraba un depósito de glifosato.

SOBRE EL GLIFOSATO

El glifosato es un veneno que utiliza el sistema de agroproducción para eliminar malezas en cultivos genéticamente modificados (OGM) como soja, maíz, trigo y algodón, ya que estos resisten su nivel de toxicidad. Cientos de estudios científicos nacionales e internacionales ya demostraron que el glifosato:

> Puede causar cáncer.
> Afecta la biodiversidad de los bosques nativos.
> Está generando sus propias malezas.
> Se acumula en los campos argentinos. 
> Vuelve impermeables los suelos. 
> Se concentra en los sedimentos de la cuenca del río Paraná.
> Puede ocasionar efectos irreversibles en el sistema nervioso.
> Puede impedir el desarrollo embrionario y fetal.
> Enferma a los habitantes de los ´pueblos fumigados‘, a las escuelas rurales.
> Está presente en nuestros alimentos, en helados, en vinos de California, en cervezas alemanas, en alimentos del desayuno en Estados Unidos, en miel uruguaya.
> Está presente en nuestra sangre.
> Está presente en algodón, gasas, tampones, y pañales.
> Es objeto de estudio de más de 830 investigaciones científicas que demuestran el daño que ocasiona a la salud.

A continuación podemos ver parte de una entrevista del documental francés “Bientôt dans vos assiettes” (Pronto en su plato), que expone la relación entre el aumento del cáncer y las fumigaciones con glifosato en nuestro país, donde el entrevistado Patrick Moore, defensor de los OGM, es desafiado a tomar una copa de glifosato tras afirmar que “se puede beber un vaso grande y no pasa nada”: