Aventura, relax y cocina gourmet

La aventura se puede encontrar en  “Bonanza”, un palacete italiano de 1898 con escaleras de mármol, rejas de hierro forjado, grandes ventanales y una puerta principal enorme y vidriada, con mayólicas en color azul. Los muros en rojizo preservan el aura distinguida de esta antigua casona que fundaron los Giussani, quienes se dedicaron a la producción de frutas hasta hace treinta años, cuando cambió de dueños. Hoy es su mentora Rosana Di Meola, que imprime el ritmo al lugar. Especial para fiestas infantiles o salidas grupales ofrece cabalgatas, trekking, juegos de destrezas hasta tirolesa y poucing jumping, asados y comidas criollas. O simplemente ocupar una hamaca paraguaya para descansar bajo las casuarinas centenarias.
Desde el río Luján y luego de unos 40 minutos, hacia la derecha por el arroyo Caraguatá, se llega a otra perla donde Marta Bourgeois se crió y hoy recibe en su muelle a los visitantes. Es tercera generación de isleños pero, como todo en el Delta, tiene una historia. En “Un lugar en el arroyo” selló la comunión de la arquitectura isleña y la vegetación con una decoración donde las texturas y colores hacen su juego.
Marta y su marido Juan Carlos vivieron aquí toda la adolescencia. Hoy reciben visitantes que se acercan remando a tomar el té y también hacen salidas de remo. Las reuniones corporativas son parte de la elección de quienes buscan airearse de la ciudad. Strudel y stollen o lemon pie son la herencia de la vieja Europa.
De mieles también se habla, y otra pionera es isleña, Marta Mattone, quien también lleva más de medio siglo aquí y mantiene su herencia paterna. Tres cabañas invitan a quedarse. Una de ellas es una típica casa isleña. El arte apicultor. Guarda pasión y la comparte, en algo tan dulce como la miel. El souvenir.

Delta de alta gama

Un lodge y spa en pleno Delta del Tigre ya es palabras mayores. Rumbo 90 está sobre el Canal del Este y guarda el perfil de exclusividad para quienes buscan combinar naturaleza y confort. Consultas y reservas: 15-5-843-9454 / bookings@rumbo90.com.ar / www.rumbo90.com.ar .
Si la opción es disfrutar de un día completo, existe un programa que tiene en cuenta los traslados desde la estación fluvial en lanchas privadas, almuerzo gourmet con sabores típicos del Delta, menú infantil, paseos por senderos, avistaje de aves, ecogranja, navegación en canoas.

Todo crece en el agua

Los emprendedores turísticos, productores y artesanos del Delta se agruparon en deltanatural.com. Una visita a Villa Mónica, en el arroyo Espera 344, de la Primera Sección de Islas, le permitirá conocer ¡un cultivo sin tierra! Es un antiguo sistema de cultivo en agua llamado agricultura hidropónica. Frutillas, lechugas y hasta rabanitos, todo en el agua. ¿El plato? Ensalada verde. (011) 4728-0519. Hay cabañas para alojarse aquí y cursos para aprender el arte de la hidroponia.

Navegación por la historia

La propuesta es navegar y explorar el Delta a bordo de Cascotito, una lancha-taxi que data de 1925 con la historia y el encanto de su casco de madera impecable, que jamás dejó de navegar por estas aguas tranquilas ni de prestar servicio a los isleños. Miles de historias rondan por cubierta. Hace cuatro años, Julián y su mujer decidieron rescatar la lancha del olvido y volver a ponerla a punto para seguir, como era tradición, surcando el Delta. La capacidad es hasta 11 pasajeros, pero si el grupo es mayor, Julián sabrá recomendar a colegas con los cuales comparte la misma pasión por el Tigre. Julián es oriundo de “la isla”, así dicen a los lugareños que nacieron del otro lado del Paraná de las Palmas, una zona del Delta aún más virgen. Desde chico aprendió a timonear, por lo que lo hace un muy buen capitán, conoce el río, sus olas, sus vueltas y sus arroyos. A su paso todos lo saludan.
 A bordo nada falta, hasta hay un pequeño bar para degustar un trago cuando cae la tarde. Un tentempié si llega la hora del almuerzo a bordo, que puede suspenderse si el plan llega hasta una isla y conocer un restaurante. La novedad gastronómica en el delta es Monkey. Una opción donde se comerán pastas y otros platos bien caseros como los hacía la abuela. Basta llegar al arroyo Abra Vieja, a unos 10 minutos de navegación desde Tigre. La anfitriona es Rocío y relata la historia inglesa de la familia pionera del lugar. Eran cuatro hermanos que hicieron su vida fuera de la isla y un día, volvieron a la querencia, invirtieron y montaron un pintoresco restaurante. Uno de ellos, chef, logró aunar la naturaleza profunda, con su arte gourmet y buena música que invitan a disfrutar de los sonidos, aromas y sabores junto al río. Una  magia que envuelve y atrapa al visitante.

San Fernando: Con estilo inglés

La selva en galería es cada vez más exuberante a medida que uno avanza hacia el corazón del Delta, en la segunda sección de islas, y todo se vuelve agreste. El río Paraná de las Palmas cobra anchura y alcanza el kilómetro de ancho y los diez metros de profundidad. Los amantes del bird watching (avistaje de aves) saben que a esta altura de las islas unas doscientas especies pueblan la región. En Los Pecanes, el muelle está impecable y Ana Baert y su hijo Matías reciben al visitante. La casa está rodeada de un parque de tres hectáreas donde es posible hacer un trekking y conocer cada especie de esta selva en galería ribereña. Los almuerzos demuestran también su despliegue gastronómico, desde panes de zapallo, pan de ajo y berenjenas al escabeche y una especialidad: ensalada de mostaza. El secreto está allí, hay que ir y probar. La familia Baert hace más de una década que abrió sus puertas a los visitantes para compartir el encanto del lugar. La finca fue adquirida allá por 1959 y al comienzo la utilizaban los fines de semana, hasta que se fueron quedando y optaron por vivir inmersos en la naturaleza. La vez que estaba hablando por teléfono con un familiar y lo interrumpió para decirle que estaba preocupada por las pavas de monte que no habían aparecido esa mañana, se dio cuenta que estaba consustanciada con el lugar. “Imaginate –dice ahora y sonríe— con las preocupaciones que hay en el continente esa conversación da cuenta que estás en otro mundo.”

Descansar de verdad. Distinta opción plantea La Becasina Delta Lodge. Ya es una alternativa para quienes buscan casi lo más top de la ciudad inmerso en la selva. Pero, es bueno saberlo, su piscina, su bar de tragos abierto todo el día y el “all inclusive” que permite a uno sentirse como en casa son la clave de este sitio, que combina maderas y telas de texturas nobles y colores tierra. Un fin de semana de descanso también se puede combinar con el día de spa, y volver al ruido de la ciudad como nuevo.

Calidez y arte gourmet. Marité Brindza cuenta su historia familiar apenas uno degusta un trozo de torta. De esas bien europeas, de chocolate con cáscara de naranjas y nuez Pecán. Parte de lo que se produce en el Delta. Los almuerzos y la hora del té en Isla Margarita son ideales para quienes buscan un sello de calidez durante un paseo por el Delta sanfernandino, casi casi a un paso de Escobar. Las distancias por agua expresan la inmensidad del territorio. Pero la llegada y el desembarco siempre se asemejan a una película. En cada muelle una historia. Ella trabajó en una estancia turística hacia 1986, que ya fue fraccionada como un country. Pero su impulso y amor por la naturaleza la animaron a establecerse en este rincón y llevar adelante este emprendimiento turístico. Además de la casona principal, cuenta con cabañas y su buena mano en el arte gourmet. Si la jornada lo permite, sus cuidados de las plantas y los pequeños habitantes naturales de la zona son otro paseo. Pasen y vean.

Mimbre y produccion. Cada época del año tiene su atractivo en cuanto a conocer la  producción de mimbre, y más si uno recala en la casa de Sergio Barán. Es que lleva medio siglo aquí y respira Delta. A los ocho meses llegó desde Oberá (Misiones) en brazos de sus padres. Nunca más se fue. Cuenta que a partir de agosto, cuando comienza la cosecha, uno puede ver todo el proceso: cómo se corta, cómo se pela, como se tuesta, hierve para darle el color rosado que tanto se usa hoy. Si hay jornadas de lluvia, todo el mundo hace canastos. Y están allí de muestra y los hay de todas las formas y tamaños. “La producción del 90 por ciento del mimbre en la Argentina se trabaja aquí”, cuenta y agrega: “Tranquilidad, paz, belleza; convivir con la naturaleza es lo mejor. Yo no lo cambio por nada”. Toda la razón.

Escobar: Islas virgenes

Cuentan que lo espléndido en el Delta de Escobar es su naturaleza diferente, pues en la costa ofrece chacras que, de pronto, devuelven una imagen esteña para quienes visitan de tanto en tanto al vecino país. Esta sección del Delta queda a 60 kilómetros de la Capital. El río Paraná de las Palmas a esta altura se despliega a sus anchas. Allí nomás está la Pequeña Holanda, un polder de unas treinta hectáreas construido en los años sesenta por ingenieros holandeses. Ubicado en el camino que lleva hasta el puerto, sobre las márgenes mismas del río Luján.
En Pequeña Holanda funciona un restaurante parrilla y un sitio de recreo especial para la familia, porque las actividades recreativas, educativas y deportivas se desarrollan en medio de arboledas centenarias que resguardan especies que de pronto se asoman y observan al visitante, como lo ñandúes y animales de granja.
Otra opción es Loma Verde, ubicada a pocos metros de la Panamericana en un lugar que es un remanso pleno de vegetación.
Y para los que opten por un alojamiento de características distintas, el Solana de Escobar, un hotel de 23 habitaciones, que fue un antiguo casco del siglo XIX. Las tres hectáreas de parque que lo rodean le dan el privilegio de tener verde cerquita de la Panamericana y del puerto de Escobar.