Sólo desde avenida Callao y Rivadavia hasta Avenida Del Libertador, hay 26 puestos de diarios que pintó él. Pero la suma total es mucho más amplia: 987. José espera llegar este año a los 1000. Algunos cerraron, pero no abandonan su sello, como el que está justo enfrente de la confitería El Molino, en el barrio de Congreso. “Tuve vocación de pequeño. Mis padres se hicieron amigos de la profesora de grado y me convocaban a dibujar el pizarrón de entrada. Variaba según la fecha patria. Me motivaban las tizas de colores. Tengo buena caligrafía”, evalúa su trabajo. José cuenta que repartió correspondencia en la escuela de Lino Palacios y cuando vieron cómo dibujaba le dieron una beca para perfeccionarse en el arte del dibujo y la caricatura. “Trabajé también como restaurador junto a Raúl Soldi en la cúpula del Teatro Colón”. 

¿Cómo empezó?

Soy docente de matemáticas, francés y biología. Con los años fui también docente de la vida (risas).  Como terapia comencé a pintar puestos de diarios. Voy a cumplir 76 años.

¿Le gusta la historieta?

Yo abarco toda la gama, el dibujo es un mundo fascinante. Me gustaba Misterix y Tarzán, de Hardold Foster.

¿Cuál fue el primer puesto que pintó?

Ya no está. Estaba en Maipú y Viamonte. Uno de los más antiguos que pinté está en las seis esquinas de avenidas Gaona, San Martín, Honorio Pueyrredón y Díaz Veléz, en Caballito. Fue el quinto.

¿Qué sorpresas le dio pintar en la calle?

Una vez se me acercó una pareja en el puesto de Avenida La Plata y Rivadavia. Bailaban tango, pero vivían en Roma donde hacían un show tanguero. Me pidieron un boceto para el frente del local allá en Italia, una pareja bailando el tango, Gardel y hasta el Pichuco Trolio con el bandoneón.

¿Le pidieron algo curioso? 

La gama es amplia según la zona. Si hay colegios cerca, el cliente pide los personajes animados de moda. Un clásico es Disney, Mickey, las princesas. 

¿Qué opina de los grafitis?

Hay algunos muy buenos, artesanales. Otro manifiestan un estado interior de confusión de la juventud.

¿Cuál le gusta?

Los de algunas tribus como los aymará. Hay uno quechua muy bueno en Barracas, en Iriarte y Suárez. Está muy bien logrado, es muy grande, muy cerca hay una escuela. No me gustan los que dañan las persianas.

¿Y en los subtes?

Es curioso, algunos me gustan. Es un dilema, porque los coches se dañan.

¿Qué piensa cuando ve una pared blanca?

En pintar algo representativo. La ciudad mantiene su vida también en las paredes.

¿Cómo trabaja?

Tengo técnicas primitivas. Uso un trozo de hilo de algodón y la impregno con tiza húmeda y doy los movimientos. Así ubico el espacio. Las costillas (esas canaletas que tienen en la pared que da a la calle) le dan resistencia a la estructura del kiosco, pero no son molestas para trabajar. Las costillas verticales complican algo cuando hay que hacer un texto.