Fuente: TDF / Infonews

El hombre de los perros es Pedro Curuchet y le dicen Gato. Es el hombre que ama a los perros, que los hace vivir y tambien cuando llega el momento, los hace morir. Vive en las afueras de Ushuaia, a 3020 kilómetros de Buenos Aires. Hace 41 años dejó su Tandil natal: tras cumplir el servicio militar en la marina, en Mar del Plata, se lanzó a la aventura: rumbeó por la Ruta 3 y a dedo llegó a Tierra del Fuego. Un cambio de horarios hizo que se quedara para siempre. De boca de los viejos pescadores de centollas conoció los mitos y las leyendas del Canal Beagle. Poco después llegó al Valle Carvajal, al que con sus propias manos convirtió en el valle de los Lobos.

“Mi sueño era tomar un barco que me llevara a Alaska, pero lo perdí. Y decidí quedarme donde todo estaba por hacer.” Organizó travesías náuticas, buceo en aguas heladas e incluso armó expediciones. Hasta que Carmen, una empleada de Aerolíneas Argentinas que se convirtió en su mujer, le regaló a Karut, su primer perro Husky. Construyó su propio trineo al tiempo que mantuvo su obsesión original: “Sabía las mañas de campo, hacienda, marcas, herrajes, incluso domar caballos. Me dije: ‘Tengo que ir a Alaska.’ Tuve que convencer a mi mujer. Dos semanas en la playa y las otras dos en la nieve. Fuimos y ahí aprendí todo.” Regresó con Eco, el lobo polar que lo acompañó durante mucho tiempo y que es la actual imagen de su refugio. “Hoy es el espíritu de los Valles, es el líder de la manada más grande que te puedas imaginar. Suena su aullido, el aullido de Eco y así nace la leyenda.”

En Alaska aprendió la práctica de los trineos tirados por perros, renos y otros animales de tiro, una práctica milenaria en las zonas árticas o nórdicas como medio de transportes. Hoy siguen llegando donde no llegan los “snowcats” o motos de nieve.

Aprendió también los secretos del Iditarod, la carrera más larga de esta disciplina. Alaska es la capital mundial de este deporte. Luego se perfeccionó en Europa y en EE UU. Convivió con esquimales y se dedicó a las largas travesías. Hoy, a los 63, el Gato sigue siendo el único sudamericano experto en el sled-dog. Un verdadero musher que intervino en varias de esas competencias.

Él mismo desde un principio fabricó los trineos, diseñó y elaboró los arneses para los perros, y todos los elementos necesarios para esa práctica. Incluso ahora tiene una pequeña industria que comanda su actual pareja, Evelyn Bendjeskov.

La primera vez que participó en la Iditarod fue con el respaldo provincial. Se tarda 14 días en transitar los 1800 kilómetros ante los mejores equipos, durmiendo no más de cuatro horas por días, a la intemperie, acurrucado entre los perros líderes de la manada que le dan su calor, haciendo de veterinario, costurero, carpintero, guía y, fundamentalmente, musher. Aprendió a soportar feroces temporales en la nieve. A comandar los trineos, de día y también de noche, soportando temperaturas incluso inferiores a 35 grados bajo cero.

Pero, argentino al fin y hombre de obsesión, se destacó por su solidaridad al socorrer a los adversarios, toda vez que las circunstancias lo requerían. Y además se convirtió en un verdadero embajador de Ushuaia, la capital del fin del mundo.

Alguna vez lo bautizaron como el hombre de las nieves, o el encantador de perros. En el Valle de los Lobos vivió mucho tiempo sin agua ni luz eléctrica. Y hoy se banca con generadores. Tiene más de 70 perros y conoce el nombre de cada uno de ellos. “Cuánto más contacto tengamos con los animales, mejores personas nos volvemos.” 

Kamchatka además de un difícil objetivo de un juego de mesa es una península volcánica situada en la Siberia rusa. Allí, en 2016, se realizará una dura carrera, el próximo desafío del Gato Curuchet. El trineo es llevado por 16 perros, cada uno con su posición y con una función específica. El Gato los conoce al detalle a cada uno y sabe cómo están en cada momento con sólo mirarlos. Cada grupo de tiro tiene un líder: el musher duerme entre ellos para entablar una mayor comunicación.

A veces, suelta al líder para que este busque la huella. Luego van los que marcan el ritmo de la marcha y detrás los que le dan la fuerza. Pasan cerca de búfalos, alces y renos. Su figura es una leyenda en la isla de Tierra del Fuego, donde el misterio aún puede reconocerse en los bosques más australes del mundo. Donde nadie llegue, está el Gato, el encantador de perros.