La sensación es que nunca la Argentina terminará de pagarle a Juan Carlos Chébez todo lo que el naturalista insignia del país le entregó en sus años de carrera. “Fue un titán y será un modelo difícil de volver a encontrar”. Así definió su amigo y colega Claudio Bertonatti a Juan Carlos, quien falleció el pasado 15 de mayo a los 48 años.
La vida profesional de Chébez empezó temprano. A los 13 años fundó y dirigió ACNA (Asociación Conservación de la Naturaleza Argentina) con sus compañeros del Instituto Fátima de Martínez. Su pasión por la conservación se reforzó cuando la Fundación Vida Silvestre Argentina lo convocó para un cargo que duró ocho años. A los 18, en la Isla de los Estados, su fervor no encontraba freno: mientras hacía el servicio militar, realizó un relevamiento de la fauna y flora de la región.
A los 22 años ya cubría cargos directivos en las instituciones conservacionistas más importantes de Argentina. “Juan Carlos deja un enorme vacío en la conservación y en la lucha por la defensa de los ambientes naturales del país. Coherente consigo mismo, fue un gran comunicador de temas ambientales. Nos legó una gran cantidad de importantes publicaciones sobre la riqueza natural de la Argentina”, dice Bertonatti.
   Juan Carlos solía definirse como “un naturalista vocacional” que supo darse el gusto de “hacer conservación en la Argentina”. Publicó unos 30 libros entre los que se destaca “Los que se van”, editada en tres tomos, en la cual Chébez detalla las especies que corren serio riesgo de extinguirse debido al impacto humano sobre los paisajes naturales. Es decir, una lectura obligada para cuidar y preservar a nuestros animales. Además, desarrolló artículos sobre ornitología y mastozoología. Otras obras destacadas son “Mamíferos silvestres del archipiélago fueguino” (1993), “Fauna misionera” (1996) y “Guías de las reservas naturales de la Argentina (2005-2006)”.
   Desde 1987 asesoró al gobierno de Misiones en la defensa de su patrimonio natural y contribuyó a instalar la idea del Corredor Verde, una diagonal de monte que une reservas naturales y zonas con selva secundaria como la Reserva de la Biósfera Yabotí y el Parque Nacional Iguazú. Junto con el reconocido médico Luis Honorio Rolón creó un sistema de reservas naturales provinciales.
Elaboró estrategias de conservación para el Chaco Seco, para Mendoza y San Juan, en el corredor Alto Andino, en las Yungas, y presentó en Catamarca la creación de una gran reserva en Antofagasta. Impulsó la donación de tierras que pertenecían a las Fuerzas Armadas para destinarlas a la conservación, creando una nueva figura: las Reservas Nacionales Estratégicas, adicionándoles un rol nuevo a las instituciones mencionadas, la preservación del medio ambiente. En 1990 ingresó en la Administración de Parques Nacionales, donde fue director de Conservación, director de la Delegación Noroeste y asesor del directorio. Actualmente dirigía el Area de Biodiversidad del Departamento de Investigación y Conservación de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, y era profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires, por lo aportado en la capacitación para la gestión de planes de conservación de especies animales amenazadas de la República Argentina, y distinguido con la “Pluma de Plata” entregada por Aves Argentinas, por los esfuerzos y logros en la conservación de la selva misionera.
   Juan Carlos luchó sin cuartel por la conservación y fue el máximo creador de áreas protegidas de una Argentina donde habitaban especies casi desconocidas. Logró salvar miles de hectáreas de flora y fauna nativas. A estas tierras que estudió, preservó y promovió también les cantó y hasta les escribió poesías. Por eso la naturaleza argentina ya lo extraña, y espera que su legado sea fuente inspiradora para que surjan hombres que entreguen sus vidas al estilo de Juan Carlos.