Le sobra música al disco. La tiene desde una mirada general y la tiene también en cada detalle, en la puntillosidad de cada arreglo. Pero sobre todo desborda en la guitarra de Fernando Kabusacki, quien parece tener siempre un acorde más en las manos. Para colmo, el duo agrega el bajo de Tony Levin. Las canciones propias logran, siendo instrumentales, anotarse el logro de sumarle a los sonidos experimentales una idea de hacer canciones hechas y derechas. ¿De qué género? Se podría decir que el disco es un degenerado. Y por lo mismo puede decirse que es genial.