Así como demostró un informe del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) que las aguas y el lecho del Paraguay y el Paraná presentan grandes concentraciones del herbicida glifosato y insecticidas como endosulfán, cipermetrina y clorpirifos, lo cual hace peligrar la vida acuática, ahora un estudio del Instituto de Recursos Biológicos (IRB) del Instituto Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (INTA) detectó la presencia de 17 tipos de plaguicidas en 8 de cada 10 peces de la especie Jenynsia multidentata (conocida vulgarmente como madrecita) en la cuenca del río Pergamino, región Pampeana, la zona de la Argentina que reúne la mayor parte de las actividades agrícolas y pecuarias.

Iniciada en 2011, esta investigación fue publicada recientemente en la revista Chemosphere. El equipo liderado por Julie Brodeur, autora principal del trabajo e investigadora del Conicet, estudió el impacto de los fitosanitarios en anfibios, peces y aves como indicadores de calidad ambiental y salud en los agroecosistemas. El trabajo evidencia que la acumulación de pesticidas impacta en la salud y crecimiento de los peces.

El 58 % de los peces tenía más de dos plaguicidas en su cuerpo y esto se asocia a efectos negativos claros en su salud, por lo que es esencial encontrar la fuente de contaminación para preservar la integridad de los ecosistemas acuáticos”, indica la investigadora y explicó que relevaron la presencia de los insecticidas –diclorvos y pirimifos-metil, sustancias autorizadas solamente para el acopio de granos– que no deberían llegar a los cuerpos de agua bajo ninguna circunstancia, debido a que son muy tóxicos para la fauna acuática.

Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación en Recursos Naturales (CIRN) del INTA, destacó la importancia de “profundizar los estudios serios de toxicología ambiental para generar datos fiables que nos ayuden a determinar el real impacto de cada práctica agrícola, así como para la conservación del agua”.

En este sentido, Mercuri puso énfasis en el uso de buenas prácticas para la aplicación de agroquímicos. “Es fundamental que el productor comprenda la importancia de implementar estrategias para proteger los cursos y cuerpos de agua”. Y agregó: “Para esto es indispensable respetar las zonas buffer –espacio que se dejan sin fumigar en cada margen– y la vegetación propia de la ribera, aún en las nacientes”.

El estudio estuvo centrado en fungicidas e insecticidas y solo dos herbicidas (Atrazina y Acetochor) de los cuales hubo poca detección. “Estos hallazgos son altamente relevantes tanto a escala regional como global”, aseguró Brodeur quien adelantó: “Estamos desarrollando herramientas informáticas que puedan predecir el destino de los plaguicidas en los cuerpos de agua para que el productor o el regulador estime la probabilidad de que su aplicación afecte a la fauna acuática”.

El objetivo fue caracterizar el nivel de contaminación por plaguicidas que reciben los peces y evaluar los efectos sobre su salud. “Se detectaron 17 plaguicidas diferentes en los tejidos del 81 % de los animales capturados; de los cuales contenían al menos una molécula de plaguicida”, detalló Brodeur quien agregó: “Los insecticidas piretroides –fenvalerato y bifentrina– fueron los más frecuentes y se encontraron en el 41,8 y 36,4 % de las animales analizados, respectivamente”.