Mugicha es el té que se consume en esta casa. Mugi quiere decir trigo, pero como la lengua japonesa cuando agarra un término lo aplica a muchas cosas, quiere decir también cereal.  ¿Se puede hacer una entrevista y sentir a la vez que se está practicando el zazen? Sí, se puede si el entrevistado es Alberto Silva,  compilador y traductor del extraordinario El libro del haiku -ahora en librerías en una nueva edición-  y del ya mítico La Invención del Japón, por ahora, agotadísimo.
-¿Cómo llegás a la cultura japonesa?
-En el 73 me ocurre una cosa que no pensaba. Yo había estado circulando por muchos lugares, estudiando en Francia y trabajando en Africa, hasta que me captó de alguna manera la Unidad Popular en Chile, de Salvador Allende. Tendría 23, 24 años. Soy profesor de sociología y trabajé en Chile y el golpe me expelió como a tanta otra gente y volví a Francia donde había estado antes seis o siete años a terminar el doctorado en sociología. Y el Golpe en Chile me puso en una situación de largo escondite, y luego de exilio en una montaña en los Pirineos porque no tenía papeles. En esa época tenía otro nombre, me llamaba Pedro Castro. Y en ese escondite de los Pirineos donde estuve varios años pude empezar a estudiar la lengua que me permitiera leer los haikus, que era lo que quería hacer. 
-¿Cómo es el idioma japonés?
-El japonés es una colección de idiomas particulares destinados a comprender un sector de la realidad escrita u oral. El japonés oral es relativamente sencillo. Pero el japonés escrito, que es muy difícil, los japoneses mismos lo conocen en relación con algún sector de la realidad. Por ejemplo; siendo yo profesor en la universidad de Kioto le preguntaba a mis estudiantes: qué dice aquí y dependiendo de la edad o del sector social, podían o no traducirme. Una circular administrativa es en un lenguaje que sólo los profesores entienden. Una notificación de examen médico solamente empieza a entrar desde la época en que una persona se hace exámenes médicos obligatorios, vale decir, que tampoco entran los chicos. Esta forma que toma el lenguaje fragmenta mucho a la sociedad porque la sociedad se divide en un modo lingüístico. 
-Parecen las castas de la india introducidas en el lenguaje.
-Hay algo de eso. Un joven de 19 años que quiere entrar a la facultad de medicina tiene que comprender ocho mil caracteres. El sistema escolar al finalizar el secundario se compromete a que manejes 1500. Que son los necesarios para leer el diario. Con 1500 kanjis o caracteres simbólicos puedes leer el diario. Ahora para entrar a la facultad de medicina y comprender los viejos manuscritos, necesitas 8000. Eso significa que hay una cualificación social muy fuerte en la repartición de los oficios y de profesiones. Ya que para entrar en medicina necesitas haber empezado a aprender esos ideogramas de parte de un padre y una madre muy eruditos, posiblemente médicos que quieren que su hijo continúe el  linaje. 
-Como funciona esto en la intensidad del haiku.
-Para empezar la lengua del haiku no es una lengua comprendida por mucha gente. Los jóvenes, por ejemplo, no entienden esa lengua. Es un lenguaje particular  que hace una apuesta casi contra la ley de la gravedad: es lo mínimo de lo escrito para manifestar un evento o un acontecimiento. Y acá es donde interviene de manera intensa el zen. Basho dice:  el haiku es algo que ocurre en cierto momento en cierto lugar. Y el zen ha estado desde hace cinco siglos o seis agazapado detrás del haiku. Y le da ese sentido de instantaneidad que exige retirarle una cantidad de aspectos de la lengua o de la sintaxis que para una lengua normal son clave, como por ejemplo género y número, adjetivos. Prácticamente no adjetiva, los pronombres personales no existen y muchas veces se omite el verbo. El haiku es un juego de armar, por la cantidad de posibilidades que da ese texto. 
-La traducción literal de un haiku parece un pequeño guión cinematográfico. 
-Es exactamente así. Un texto japonés de poesía y no sólo en haiku, necesita traducción también en japonés. Y esa traducción consiste en una estructuración de ese material fónico y semántico en un texto o en un desarrollo que tenga sentido para los sentidos. Ya que lo que siempre busca el haiku es atraer un aspecto emotivo de la persona a pesar de que parezca que habla de la naturaleza, la naturaleza está completamente antropoformizada. El haiku ha marcado en eso la estética japonesa de manera definitiva, entre hombre y naturaleza hay un sostén firme, una complicidad. 
-Alberto: por un lado están los estereotipos donde el japonés en las películas torturaba a sus prisioneros hablando con “l”, “aola velás maldito amelicano… etc.” que los presentaba como sanguinarios, y por el otro lado está el estereotipo positivo que dice que la cultura japonesa es extraordinaria, por su reivindicación de los mayores, su sentido del honor, por permitirse el pensamiento paradójico. ¿Cómo desterraste estos estereotipos para encontrarte con el Japón real?
-El Japón es uno de los archivos fundamentales de la humanidad, como el alemán, el italiano y detrás el latino y hasta la civilización brasileña como un archivo reciente de mestizaje. De esa forma un archivo cultural es un bien de la humanidad. Sin embargo, muchos japoneses no atisban la riqueza del archivo en el que viven. Acá, en la Argentina, muchos japoneses saben más que los que realmente viven en Japón. Los japoneses de acá estudian detenidamente su tradición.  Tradiciones que están vinculadas a la familia. Tradiciones orales.
-¿Cuándo empezaste a practicar zazen?
-Al comienzo del año lectivo en la universidad de Kioto, los profesores pasan dos días en una especie de refugio de montaña con los que van a  entrar a primer año. Para que todos se conozcan. Juegan al fútbol, conocen a sus tutores, se cruzan en charlas. Después de esos dos días, yo solía quedarme en un templo zen que me quedaba de paso. Donde yo meditaba, es decir, hacía zazen. En una época se decía que el zen era antiintelectualista, esto decía D.T. Suzuki, pero yo lo discuto en este punto. Todo maestro que llega al satori (iluminación) lo primero que hace es escribir la crónica del satori y vociferarla por todos lados y eso es una historia desde que existe el zen en Japón. Con lo cual, lo que tratan es que el zen sea lo menos inefable posible. 
– Cuando empezamos a coordinar por mail la posibilidad de esta entrevista yo no sabía cómo escribirte y conwwwarte lo que vos me decías con respecto a la inminente muerte de un ser querido tuyo, que además era muy joven. No sabía cómo conwwwarte porque los mails no tienen capacidad para reflejar las inflexiones de la voz, los tonos que intentan ser cálidos pero que tal vez se pueden leer fríos. Es fomentador de la paranoia occidental. Yo me sentía muy apenado, pensaba en la suerte de este ser querido. Y pensaba en él en diferentes situaciones. Sin conocerte pensaba en tu vida, en la de tu sobrino. ¿Cómo paramos el diálogo interno que nos vuelve esclavos?
-No se para, se lo pone a la distancia de la nariz (camina, va hasta un almohadón y se sienta). Uno se sienta, busca su lugar en el que está sentado en tranquilidad, sin alteraciones. Cada uno tiene un lugar ideal. hay que encontrarlo. Trabaja la respiración. Se logra no modificarla bruscamente. La tortuga nunca altera su ritmo respiratorio y llega a vivir cien años. Uno aprendió en el Japón a transformar toda espera (como cuando viajamos en colectivo) en una oportunidad de aclaración de la propia persona y de relajación. Yo tenía una hora de tren por día más media hora caminando. Un tren, un colectivo o un subte tienen una barra. Con una barra arriba y aún con el vagón awwwado uno ya tiene todas las posibilidades de realmente elongar tu cuerpo de manera de descansar. Que eso se transforme en un momento de descanso, que es lo que pasa después del zazen, la gente termina muy relajada. Y tiene una relación central con la calidad de sueño. Yo que soy un señor ya grande, en los últimos diez años duermo mucho mejor que antes. Si me despierto a mitad de la noche, elongo. 
-Algunos psicoanalistas dicen que el psicoanálisis tiene que prepararte para morir. Y que ese saber morir es vivir cada día de manera intensa. Cuando pasa lo que te pasó a vos con tu ser querido ¿qué se hace? ¿Cómo se combate el dolor?
-El zen no esquiva el dolor, no lo elude. No lo niega. Puesto que el zen plantea reconocer la verdad de los propios sentimientos y flujos emocionales. Quiere decir que cuando te duele, te duele en serio porque lo hace con plena conciencia de lo que está pasando. Eso es parte del viaje. Porque el zen te permite desplazarte y atravesar el dolor y mirarlo como algo que sin duda es propio tuyo como la nariz pero que está a una distancia que no te contamina. El zen no es una inversión, el zen produce efectos inmediatos, tal vez módicos.  Es decir, no tengo angustia, soy la angustia, pero al mismo tiempo dejo de ser la angustia cuando la percibo y la observo  de manera libre y aliviado.  Lo propio del zen es que no reconoce la separación entre cuerpo y espíritu. Es completamente inmediato y real. Y está completamente al alcance de lo que puedas hacer. Basta con que lo comiences.