El derrame de agua cianurada en la mina Veladero no deja de ser noticia. Hasta ahora la única buena fue la que produjo el juez penal de Jáchal al hacer efectivo y concreto el pedido de justicia de su pueblo al ordenar el procesamiento 9 ejecutivos de la minera Barrick Gold, por “impericia y negligencia” como consecuencia de la contaminación que produjo la mina en septiembre pasado, pero al parecer entiende que no tiene asegurada su integridad física y pidió custodia policial. 

El pedido de custodia fue confirmado por el intendente de Jáchal, Miguel Angel Vega, quien reconoció que en el departamento del norte sanjuanino “hay descontento de los asambleístas en relación a la determinación del juez por el derrame de cianuro”. Estos esperan que la planta deje de funcionar y que se acelere el proceso contra los responsables de la contaminación.

Ellos siguen en la carpa frente a la plaza, por el momento podemos decir que hay una tensa calma”, indicó. El jefe comunal dijo que “ayer llegaron los efectivos policiales en prevención desde la capital de San Juan, para reforzar la seguridad” y que los uniformados “custodian el juzgado y la casa del juez Pablo Oritja”. Los asambleístas entienden que deben seguir el proceso de cerca por temor a que Barrick Gold pueda hacer lo que más sabe además de extraer recursos naturales: comprar voluntades. 

Por su parte, el secretario de seguridad de la provincia, Gustavo Fariña, dijo este mediodía que “el envío de efectivos de custodia para el juez de Jáchal, es para garantizarle su integridad física”.

El funcionario reveló que el juez “viene recibiendo críticas y hasta ataques verbales por parte de quienes se oponen a la explotación minera en la zona” y que “cuando se encontraba en un café fue increpado por dos asambleístas que participaban de una marcha y el lunes por la tarde habría recibido críticas cuando ingresaba al juzgado”.

Lo que sucedió en Jáchal es muy grave, se han contaminado tres ríos vertiendo más de un millón de litros de agua cianurada. La gente tiene miedo de tomar agua y debe comprarla embotellada, pero nadie se las provee. Hay pobladores que han comenzado a tener problemas de salud. Nadie quiere la mina, ese es el sentimiento comunitario que domina este pueblo que supo ser una localidad tranquila. La minería acabó con todo eso.