Construido en Argentina, junto al Saocom 1A, que fue lanzado en 2018, constituye la misión espacial nacional más compleja de la historia. Ambos satélites conforman la misión SAOCOM y fueron desarrollados y fabricados en el país por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) que depende del ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, cuyo principal contratista fue Invap, la empresa rionegrina dedicada al diseño y construcción de sistemas tecnológicos complejos, con sede central en Bariloche.

SAOCOM 1A y SAOCOM 1B fueron especialmente diseñados para detectar la humedad del suelo y obtener información de la superficie terrestre en cualquier condición meteorológica u hora del día. Esto es posible porque las microondas del radar son capaces de atravesar las nubes y “ver” aunque esté nublado, tanto de día como de noche.

Estas características hacen que los SAOCOM sean especialmente útiles para prevenir, monitorear, mitigar y evaluar catástrofes naturales o antrópicas. Además, lleva al espacio una compleja tecnología de observación de la Tierra, que representa una mejora en las capacidades de observación respecto de los sensores ópticos usuales.

Se trata de un instrumento activo que consiste en un Radar de Apertura Sintética (SAR, por sus siglas en inglés), que trabaja en la porción de las microondas en banda L del espectro electromagnético.

El traslado se iniciará con la salida desde las instalaciones de INVAP/CEATSA, en San Carlos de Bariloche, en un convoy de camiones que transportará unas 42 toneladas de equipamientos hacia el aeropuerto. Allí se cargarán en el avión Antonov AN 124, el cual despegará de suelo argentino el sábado 22 a la madrugada, con destino a las instalaciones de la empresa SpaceX en Cabo Cañaveral, para los preparativos del lanzamiento que estima será puesto en órbita en la ventana del 30 de marzo a los primeros días de abril.

La estructura del enorme instrumento de observación de 35 metros cuadrados fue fabricada en el país por la CONAE junto con la empresa INVAP, contratista principal del proyecto, la firma pública VENG, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y el Laboratorio GEMA de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), entre otras 80 empresas de tecnología e instituciones del sistema científico tecnológico del país. Además contó con la colaboración de la Agencia Espacial Italiana (ASI).