La sustitución del plástico es un reto porque el material proviene de recursos no renovables y es altamente contaminante al no ser biodegradable. Como indicó el Instituto 5 Gyres, en los océanos de todo el mundo hay 270.000 toneladas métricas de desperdicios, que equivalen al camino que ocuparía una botella de plástico detrás de otra desde la Tierra hasta la Luna ida y vuelta dos veces.

Recientemente Barcelona fue sede de un encuentro internacional de investigación vegetal básica y aplicada al desarrollo de nuevos materiales sostenibles, convocado por B·Debat, Biocat y la Obra Social la Caixa y organizado por el Centro de Investigación en Agrigenómica (CRAG).

Según los expertos, la investigación en plantas permitirá sustituir los plásticos derivados del petróleo por alternativas más sostenibles, que busca en especies como el lino, el cáñamo y la fibra de coco sustitutos para reemplazar materiales contaminantes que se usan masiva y cotidianamente.

En nuestro país, sabemos que las líneas de cajas de los supermercados de la Ciudad de Buenos Aires no podrán entregar bolsas plásticas a partir del 1 de enero de 2017. El incumplimiento será penado con multas de hasta 100.000 pesos. 

Otro ejemplo que podemos mencionar es Francia, país que adoptó una medida determinante para frenar la contaminación de los residuos urbanos. A partir de agosto el gobierno decretó por ley que no estará permitido el uso de envases de plásticos, y que las empresas que los producen tienen hasta el 2020 para buscar alternativas ecológicas. Sólo se permitirán vajillas que contengan un mínimo de materiales biológicos o compostajes, como el almidón de maíz, de patata, el bambú o fibras y celulosa.

Es improtante mencionar también que los plásticos pueden afectar a la salud humana, ya que algunos productos químicos industriales contienen sustancias que pueden inferir con producción de hormonas y el metabolismo humano y afectar a la salud. En cambio las fibras vegetales ofrecen ventajas ya durante la cadena de producción, porque las plantas eliminan dióxido de carbono (CO2).

Para producir un kilo de lino se utiliza cinco veces menos energía que para producir la misma cantidad de fibra de cristal, y además, la fibra de lino pesa la mitad que la fibra de cristal.

Según los expertos, entre las industrias que más se pueden beneficiar de estos avances destaca el sector automovilístico, que necesita materiales de alta calidad, y otros como la arquitectura o la decoración. Actualmente la más desarrollada en Europa es la industria del lino.