Por Leandro Vesco / Fuente: Telam
 
Instalado desde diciembre pasado en uno de los frentes de guerra más terroríficos del mundo, Maximiliano Mattioli, de 39 años, piensa “en la posibilidad de ser capturado” por el Estado Islámico, como ocurrió recientemente con 17 de sus compañeros que fueron decapitados por los yihadistas y su muerte mostrada en un video.
 
Su desición puede tener consecuencias terminales. Convive con la muerte.  “Uno no piensa en caer capturado, y menos planear un suicidio antes de ser torturado. Eso pasa en las películas. En la realidad todo es más caótico”, asegura desde Kirkuk, la ciudad controlada por combatientes kurdos y principal bastión de la resistencia frente a los yihadistas
 
Mattioli es el primer argentino del que se sepa que se encuentra combatiendo en Irak contra el Estado Islámico, así como uno de los pocos occidentales que se sumaron a las filas de las fuerzas kurdas para detener el avance de los yihadistas desde que capturaron extensas zonas de Irak con una ofensiva relámpago lanzada el año pasado. 
 
El Estado Islámico, en cambio, ha logrado reclutar a cientos, quizás miles, de occidentales, sobre todo europeos, así como a musulmanes de decenas de países árabes o islámicos. 
 
Sus decapitaciones de rehenes, secuestros, matanzas, actos de destrucción de valiosas antigüedades y otras brutalidades contra cristianos y miembros de otras religiones han sido denunciados por el papa Francisco y por la ONU, que acusa al grupo de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
 
Entre los milicianos del Kurdistán iraquí que pelean contra el Estado Islámico “Hay un par de europeos que tienen familias kurdas, y había un americano y un canadiense, pero se fueron porque los consulados presionaron para que no combatieran”, explica el argentino, nacido en Godoy Cruz, Mendoza.
 
Dice que él no está en Irak por dinero: “No soy un mercenario. Vi las locuras que hicieron los milicianos Islámicos en Siria y todo lo que vino después, y decidí que tenía que hacer algo. Esta gente ha pasado muchos límites. Son fanáticos ignorantes y expansionistas. Una combinación peligrosa”, añade Maximiliano en una charla a través de Internet.
 
“Siempre me gustó tener una vida aventurera, y luego está el tema de hacer cosas a pesar de los miedos”, explicó Mattioli. “Seguramente es más cómodo sentarse en casa calentito en el sofá, mirar la televisión y cabrearse por lo mal que está el mundo y luego ponerse a ver un partido de Champions”, dice este argentino que cuenta con preparación militar, otro factor que fue decisivo a la hora de dar el salto y unirse a los peshmerga.
 
Mattioli fue integrante de la Legión Extranjera Francesa, un cuerpo de elite conocido por su dura disciplina y entrenamiento tanto físico como mental y que tradicionalmente ha sido el refugio de aventureros y criminales, pero que hoy tiene un perfil más profesional. 
 
“A pesar de la buena voluntad de algunos, que no llega a concretarse en general, embarcarse en este tipo de historias sin al menos un poco de background militar sería una locura”, subraya, sin querer dar más detalles de su experiencia previa como legionario.
 
“Muchos amigos me apoyan en lo que hago pero no estarían dispuestos a perder o arriesgar lo que he perdido o arriesgado yo”, reflexionó. La localidad de Kirkuk está rodeada por los yihadistas desde que fueron expulsados por los peshmerga el pasado verano, después del espectacular avance del Estado Islmámico en el norte de Irak.
 
Los días de Mattioli con los peshmerga transcurren entre ofensiva y contraofensiva, en una “guerra de trincheras” que se libra en las afueras de Kirkuk a la espera de la decisión definitiva de los aliados de lanzar una gran ofensiva militar terrestre contra el enemigo, mientras el Ejército iraquí avanza en el centro del país. 
 
“Aquí siempre hay contactos e intercambio de tiros”, reconoce Mattioli, quien a principios del mes pasado participó de una importante victoria frente a los yihadistas, según contó a través de su cuenta de Facebook.

“Estoy completamente solo, en un país que es muy diferente al mío, con una religión diferente, costumbres diferentes y viviendo muy rústicamente”, señaló.  No obstante, Mattioli dijo sentirse cómodo con los peshmergas, a los que describe como una milicia “admirable” que ha logrado frenar a los islamistas porque “militarmente están bien organizados” y “muy motivados, porque luchan por su tierra”.

 
“Eso y mucho bombardeo aliado es lo que ha permitido que sean efectivos en los combates”, afirma, en alusión a la campaña internacional de bombardeos en Irak iniciada el año pasado y encabezada por Estados Unidos.  
 
El argentino no muestra ninguna urgencia en regresar a casa; por el contrario, se prepara para una intensificación de la guerra. “Se habla de atacar Mosul antes de que comience el gran calor de mayo y junio. Mosul y Kirkuk serán los centros de los combates. Mosul está ubicada estratégicamente y Kirkuk es codiciada por todos porque es rica en gas y petróleo”, explicó. “La quieren el EI, los kurdos y el gobierno iraquí. Nos espera un año movido”, aseguró.
 
En un planeta cada más más convulsionado, existe una tendencia que está marcando los conflictos bélicos, se trata de casos como el de Mattioli, habitantes del mundo que se involucran activamente en guerras. La globalización ha creado un nuevo personaje, el combatiente extranjero. Personajes que abandonan la comodidad para luchar por causas ajenas e involucrarse activamente en ellas.