Por fuera, el disco parece menos eléctrico de lo que termina siendo. Da la impresión de tener una premisa clara: la mezcla de músicas de aquí y de allá. Pero en el plano de los sonidos, el concepto se debilita sobre todo por la forma de cantar, algo desembarazada del contenido. El disco se debate entre el contenido y la forma. Tiene a favor la instrumentación y las letras propias, pero esconde sus cualidades a partir de la falencia vocal. El Pescador del río es un ejemplo de esto.