Por Sonia Renison. Redactora Especial a cargo de Viajes y Turismo.

Fue el corazón de una caldera de un volcán extinguido hace miles de años, que expulsaba lava en un radio de 30 kilómetros. Hoy, asoma una roca con aspecto redondeado, de 100 metros de ancho por 240 de alto. Y es justo esta formación la que le da el nombre a la región: Piedra Parada. Su colosal estampa y su riqueza le
valieron ser designada área protegida. Para los chubutenses no es novedad pero para quienes buscan sitios nuevos donde escalar o disfrutar de lugares naturales que guarden la idea de naturaleza virgen, es perfecto.

Está sobre el margen del río Chubut, que es necesario bordear cuando se emprende la travesía por la ruta 12 que conduce a Los Altares y siempre -siempre- en estos caminos hay que medir las distancias en tiempo. Aunque sean 130 kilómetros, el ripio obliga a calcular su recorrido y para hacerlo, además de manejar con cautela y
relajado hay que pensar en por lo menos ocho horas desde Esquel, la villa de montaña que todos conocen por su cercanía con el Parque Nacional Los Alerces por el centro se esquí La Hoya.

Dentro de la formación de Piedra Parada, es el Cañadón de las Buitreras -unas de las formaciones rocosas-, la elegida por los viajeros que aman la naturaleza porque allí, temprano por la mañana, se ve el comportamiento de los cóndores, que asoman con el primer sol y se acomodan de manera que Febo le quite la humedad de su plumaje. Un espectáculo.

Aquí también se resguarda la historia de los tehuelches. En los alrededores y entre las rocas y cavernas propias de la formación se cree que los primeros grupos humanos hallaban su protección y cobijo. Quienes recorrieron este lugar en los últimos años han recogido vestigios de culturas anteriores. Hay utensilios, objetos y hasta las pinturas rupestres, sobre todo en cada alero en que se registran estas pinturas.

Tan sólo pensar qué es lo que ocurría en el planeta mientras un hombre, hace miles de años, dejaba su impronta en la roca, en esa misma roca que uno esta mirando, le impregna mística a la travesía. Si para el común de los viajeros es una ruta lo que muchas veces contagia adrenalina, es la idea de millones de años relatados en un friso con dibujos lo que transporta al visitante a la época de las cavernas. Algunos de los estudios que fueron realizados en 1979 indican que aquí hubo vida hace 5070 años. Esta existencia de vida humana es lo que impulsó a que esta fuera un área protegida por su valor antropológico y natural.

Camino de colores

Si uno se sumerge por el Cañadón de la Buitrera también está la historia en cada roca, a cada paso. Porque dicen que fue el camino natural utilizado en la antigüedad para llegar al Paraje El Mirador, para luego seguir a la ciudad que hoy conocemos como Ingeniero Jacobacci. Se llegaba en carros tirados por mulas. La distancia son cientos de metros y se puede hacer caminando si uno tiene voluntad y buena preparación.

Las paredes son ásperas al tacto y se elevan al cielo con formas talladas por la erosión del viento, el agua y el tiempo. Si las pinturas subyugan al visitante son también una perla los restos fósiles marinos y los troncos petrificados. Los visitantes que llegan hasta aquí eligen integrar safaris fotográficos que significan un viaje donde lo vivencial es el eje, pues se duerme, se recorre, se camina y se observa todo el tiempo esta naturaleza en estado puro.

Pero el recorrido también abarca un tiempo de luces que privilegia el paisaje: naranjas, rosados, dorados, turquesas y azul marino en la noche poblada de estrellas, transforman el mismo sitio en mil postales que abrazan el alma. Hay que estar atentos a los tiempos, a la ruta, al ripio y al sol cuando cae. Un consejo: siempre hay que medir cuánto tiempo nos llevó arribar al lugar pues la vuelta conviene hacerla cuando
todavía nos alcanza el sol.

En la zona de Piedra Parada no hay pueblos. Por eso el dato a tener en cuenta es el puesto de la familia Moncada: una casa de tres habitaciones y una cocina, juntito al río Chubut. Con sus mismas aguas que aprovechan para el riego logran una plantación familiar de frutales y la cría típica de una chacra, gallinas, cerdos. Todo el cuadro familiar es un descanso para las mentes alienadas de las grandes urbes. Mientras que el pan casero y el dulce son los manjares para compartir.

Hay que estar atentos a los mapas locales y verificar bien el camino con esta familia para llegar hasta Guaijaina, un paraje que en clave de ripio lleva unos 50 minutos acceder, y donde hay una hostería por las dudas que la noche atrape al viajero en pleno campo. Para los que eligen sitios nuevos donde descansar, Piedra Parada es área natural que se suma al clásico Parque Nacional Los Alerces, siempre en territorio chubutense y donde la serie de lagos, a cada cual con sus colores verdes esmeraldas o azules, ofrecen descansos en camping o en las hosterías típicas de los parques con sus construcciones en maderas y troncos como el clásico hotel Futalaufquen.

No lo piense como un viaje más, sino como una excursión al misterio patogénico. Hay que viajar a Esquel o Trelew y luego hay que contratar la excursión o alquilar un vehículo para emprender la travesía por rutas y caminos que surcan el suelo de Chubut y unen los valles y la historia entre los pioneros, los galeses y los pueblos originarios.

Mas info:
www.chubutpatagonia.gov.ar