Rojos, jugosos, y rendidores. El tomate se consolidó como cultivo intensivo, y se convirtió en la estrella de Choele Choel, en la comarca del Valle Medio rionegrino, donde la empresa La Campagnola con su planta modelo supo sacarle todo el jugo para elaborar productos derivados del tomate de altísima calidad. Las claves: la utilización de la técnica por goteo, y la creación de la asociación Tomate Patagonia, que nuclea a productores, empresas, el INTA y proveedores de insumos. Todo esto puesto en marcha en una región tomatera por excelencia.
La propuesta nació hace tres años, cuando el ingeniero agrónomo Carlos Isasmendi y responsable técnico de La Campagnola, estudió un proyecto que uniera a toda la cadena de producción de la región en base a las experiencias observadas en sus viajes por Europa, y en San Juan y Mendoza (Argentina). “Tomate Patagonia debe seguir investigando nuevas variedades, nuevas formas, para seguir aportando avances al sector”, dice Diego Gordon, del establecimiento La Media Luna, donde se realizan ensayos. “Nuestra idea es incrementar la producción y la calidad de la materia prima, para que sea más rentable para el productor, y tener productos de mayor calidad”, completa Isasmendi. En cuanto al riego por goteo, Isasmendi señala que con este sistema se utiliza un cuarto del agua necesaria para regar la misma superficie y los rindes se disparan de un promedio de 50.000 kilos por hectárea –promedio actual en la comarca– a entre 100 y 120.000 en una primera etapa, con la posibilidad de llevarlos a entre 140 y 160.000 como los que hoy se obtienen en la provincia de San Juan. Además, el riego por goteo mejora la implementación de fertilizantes y de nutrientes en los plantíos, lo que permite lograr un mayor control en el manejo de las plantas. “Si bien el equipo de riego conlleva una alta inversión inicial que ronda los 3 mil dólares por hectárea, la inversión es una amortización a 10 años. El costo real sería de unos 75 mil kilos por hectárea con amortización incluida”, dice Isasmendi.

TOMATE PARA TODOS. La cosecha en el campo es manual. Las mujeres se encargan de recolectar los tomates, y lo empacan en cajones que van a parar a la planta de La Campagnola. Allí, cientos de camiones descargan, alrededor de 1 millón de kilos por día para procesar durante los meses de febrero hasta abril, en el sector de Recepción donde se encuentra las playas de descarga en la planta. La descarga es a granel en las playas; “de primera”, donde se ubican los tomates de mejor calidad, y, en la “de segunda”. Los miles de tomates caen a una cinta elevadora, que los dirige hacia el cilindro lavador, donde las mujeres realizan la inspección. Luego de la clasificación, el tomate se tritura y se realiza el “hot break” (trituración en caliente) para que se activen las encimas. En la planta elaboran pasta de tomate, y, pulpa o puré. El triturado se calienta a una temperatura de 90-95 grados y luego se tamiza. En este proceso se obtiene el jugo fresco que se procesa y luego pasa a los concentradores que son los que transforman el jugo en pasta, pulpa o puré, dependiendo del programa de elaboración.
La pasta se envasa acépticamente en bolsas de aluminio, y el puré, al igual que la pulpa, en tetra brick. “La planta trabaja con la implementación del sistema japonés que permite reducir pérdidas, eliminar accidentes, y mejorar la producción, entre otros. Se trabaja en tres turnos todos los días del año, a excepción de tres semanas que se usan para hacer un mantenimiento general de la planta”, comenta Diego Rodríguez, gerente de la institución. Pero vale remarcar que el fruto rojo no se podría haber consolidado si no fuese por el trabajo de los treinta pequeños y medianos productores tomateros, de los departamentos que se ubican en los valles rionegrinos, que en sus campos que van desde 10 hasta 160 hectáreas, trabajan bajo el penetrante sol, el cultivo de tomate. Éstos productores trabajan en conjunto con la planta de La Campagnola, que brinda al productor un programa de financiación del 100 por ciento del cultivo. “Se hace un contrato y el productor lo devuelve con parte de su producción. Se le financia sin costo de cosecha alrededor de 14 mil pesos por hectárea”, dice Rodríguez.