Símbolo porteño, pero también icono que representa a nuestro país en el mundo, el obelisco porteño cumplió sus primeros 80 años y para conmemorar la fecha invitaron a 80 vecinos de la Ciudad para compartir una visión única que hermana y justifica una pasión por esta metrópoli.

Construido en 1936, con motivo del cuarto centenario de la llamada primera fundación de la ciudad por Pedro de Mendoza. La Obra icónica es un diseño del arquitecto argentino Alberto Prebisch, la construcción estuvo a cargo del consorcio alemán G.E.O.P.E. – Siemens Bauunion – Grün & Bilfinger.

La construcción fue todo un acontecimiento en la Ciudad, y se hizo en tiempo récord, sólo se tardó 31 días en levantarlo en los que trabajaron 157 obreros. El tendido de la línea B de subte favoreció la construcción del monumento, pues facilitó la colocación de los cimientos sobre los túneles formándose la base de hormigón de 20 m de lado y 1,50 m de altura sobre vigas de 1,80 m de alto.

Tiene una altura de 67.5 metros, se puede entrar por una sola puerta y desde la base hasta la cima, hay una escalera marinera de 206 escalones con 7 descansos que es donde los ochenta vecinos subieron para ver la ciudad que pocos pueden contemplar.

La idea de convocar a los vecinos fue del gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. “Fue una emoción tremenda ver los cuatro puntos de la ciudad desde semejante altura, porque la punta tiene cuatro ventanas, y no te dan los ojos para ver todo. La vista que más me gustó fue la que da al ministerio de Desarrollo Social, donde saqué una foto increíble”, relató Emi Kurtz, de 37 años, el primer vecino en subir. “Te cansás un poco, pero yo me daba ánimo: si hay gente que puede escalar el Everest, yo tengo que poder subir el Obelisco”

“Lo que me tentaba era conocer la vista desde ahí arriba, en medio del quilombo, porque yo trabajo en microcentro y paso por acá todos los días”, expresó Guillermo admirado por la visión absoluta de una ciudad oculta. “Se ve mucho más de lo que pensaba, el río, la ciudad, no me imaginaba que era tan alto”.

Una de los ocho elegidos, fue una estudiante de posgrado de Odontología, oriunda de Ecuador, que quizás mejor expresa la vista que se observa desde la cumbre porteña:  “Decidí faltar a clase, no me importó, porque no me quería perder la posibilidad de ver Buenos Aires desde arriba y fue increíble, se ve toda la ciudad, enorme, los colores del cielo, se siente el viento, fue hermoso, como un oasis en medio del ruido”

El poeta Baldomero Fernandez Moreno, lo describió como nadie, y acaso en su voz este símbolo de Buenos Aires tenga el mayor homenaje:

¿Donde tenía la ciudad guardada

esta espada de plata refulgente

desenvainada repentinamente

y a los cielos azules asestada?