La sal se comunica con los sonidos sensitivos del silencio. Su aroma mineral acaricia la piel con un manso roce, inmersos en una realidad blanca por el día y turquesa hacia el atarceder el Salar de Uyuni podría estar en otro planeta y nadie sentiría la diferencia, no es real pero existe y podemos conocerlo. Rodeado de un escenario natural que no tiene igual, en un rincón del salitral se levanta el Hotel Palacio de Sal, el primer hotel en el mundo hecho con bloques de sal.

Fue construido en 1998 por la iniciativa de Juan Quesada Valda, en el propio Salar de Uyuni, el mayor desierto de sal del mundo, a 350 km al sur de la ciudad de La Paz. El Salar de Uyuni es espacio plano de sal más grande del mundo con 10.582 kilómetros cuadrados. Se encuentra en los departamentos de Potosí y de Oruro en el sudoeste de Bolivia, cerca de la cresta de los Andes a una altitud de 3.656 metros.

No hay una mejor época en el año para visitar el Salar de Uyuni y hospedarse en el Palacio de Sal, durante todo el año turistas de todo el mundo se acercan a esta territorio iniciático donde la maravilla se traslada por cielos encantados. Hay una epoca de lluvia y una seca, pero ambas tienen magia bajo esta alfombra de sal mítica.

Un lago de cristalinas y cromáticas aguas son el lugar elegido por los flamencos australes. La isla del Pescado en el centro del lago, presenta cactus de hasta diez metros de alto, y en unos de sus rincones se han hallado momias de 3000 años de antiguedad. La costra de sal que se encuentra en la superficie tiene diez metros de profunidad y se estima que el salar mismo tiene cientro veinte metros bajo la tierra. Los efectos de la luz producen los más increibles mezcla de oníricos tonos. 

El Palacio de Sal brinda un ambiente singular al estar construido íntegramente a base de sal, encontrando un equilibrio entre la naturaleza y el paisaje. Alrededor del 2004, el hotel fue trasladado a orillas del salar combinando lo exótico, lo moderno y lo autóctono sobre 4.500 metros cuadrados, a 25 km de la ciudad de Uyuni.

Bajo el dominio de la sal, sólo queda como respuesta el silencio y la obligación intima de dejar expresar libremente nuestros sentidos.