La escena es así: llega una pareja de chicos jóvenes, se bajan de la moto, a la que guarecen bajo una sombra minúscula de algarrobo por la cual los rayos del sol pasan furiosos. Es domingo y el sol quiebra la tierra bandeña. No hablan. Más allá, las cuerdas de una guitarra se tensan y el bombo, que golpea desde media mañana, tiene marca registrada: salió de las manos de ese hombre tallado en piedra, llamado José Froilán González, más conocido como El Indio Froilán, el luthier de bombos más célebre del país.

Esa escena y otras tantas que ocurren cada domingo en La Banda -la ciudad a la que se llega después de atravesar el Puente Carretero que Carlos Carabajal inmortalizó en la canción- estuvo amenazada hace unas semanas cuando un grupo de 150 efectivos de Policía provincial y de Infantería intentaron desalojar el predio que ocupa desde siempre para construir en él un barrio privado y un camino: reprimieron con balas de goma cuando la gente se resistió.

A todos los tomó por sorpresa esa acción del 18 de julio, porque el 17 de julio se habían reunido para arribar a un acuerdo. Un día después, cuando se sentaron a hablar con el gobernador santiagueño, Gerardo Zamora, la situación cambió y el 19 de julio, un día después, firmaron un acuerdo.    

«Creo que fue falta de diálogo. Porque en dos horas de audiencia nos pusimos de acuerdo». Con esa frase Teresa Castrolnuovo, la esposa del Indio José Froilán González, el célebre luthier santiagueño de bombos, dio por cerrado un tema que tuvo en vilo a la cultura no sólo de Santiago del Estero, sino al ámbito folklore nacional.

«El 19 de julio firmamos un acuerdo con el gobernador. Se modificó la parte de atrás del terreno. Pero el patio queda con las dimensiones que siempre tuvo. Se comprometen a reubicar los puestos de artesanías y va a haber gas natural y agua corriente. Todo eso lo hará con nuestro consentimiento: tenemos dos meses para diseñarlos», explica a El Federal Web Teresa Castrolnuovo, esposa de Froilán. «No nos explicamos porque pasó eso. Porque el gobernador nos había dicho que el patio no se toca», completó.

El patio de tierra de la ciudad de La Banda es célebre por Froilán, pero también porque ofrece una parte importante de la identidad santiagueña: en la semana lo visitan turistas y escuelas que pueden ver al Indio y sus ayudantes haciendo los bombos. Y los domingos la gente llega para hacer su asado, mientras suena siempre una chacarera en el escenario. No cobran entrada ni derecho de espectáculo. De esa actividad viven, además, 40 familias, que no pagan canon ni concesión por el uso del espacio. «Eso se sostiene con la venta de comidas y bebidas», dice Teresa, sostén de este espacio cultural santiagueño.    

«Los músicos vienen sin contratos, sin horarios fijos y la gente nos visita siempre. La música une la heterogeneidad de clases sociales, de edades y de ritmos», explica la esposa de Froilán. «Ahora vamos a estar en un barrio que será de clase media/media alta. Además, quedarán como una reserva natural las cuatro hectáreas que no son nuestras pero que hemos cuidado desde siempre. Eso iba a ser un polideportivo, pero quedó establecido como reservorio». Sin embargo, en el acuerdo al que tuvo acceso El Federal Web, no se mencionan esas hectáreas ni el compromiso de dejarlas como un espacio verde.

«La única lucha que tenemos con Froilán es el sostenimiento de nuestra cultura. No tenemos ninguna ambición económica. Estamos gestionando una radio y un teatro, con gente que nos aporta su trabajo. En fin, tenemos muchas ideas. Hay muchos patios en Santiago del Estero, pero al nuestro lo distingue el hecho de que nosotros vivimos acá. Eso lo hace diferente», distingue Teresa.

 

Los dueños de la tierra

 

Esos hechos merecieron el enérgico repudio de la comunidad tonokote santiagueña, porque las familias que ocupan el predio perteneces a esa etnia aborígen. Por eso lanzó un comunicado en el cual expresaba el repudio a la represión. «La Comunidad Tonokoté Llutqui, frena el avance de las topadoras, quienes pretenden talar el bosque nativo violando la vigencia de la Ley de Bosques y la Ley 26160 y 26554.», decía el documento en el cual expresaban:

«Ante el inminente desalojo por la fuerza pública provincial de la comunidad “Auqajkuna”, las 35 comunidades pertenecientes al Pueblo Tonokoté se presentaron en conjunto ante la Justicia como sujeto de derecho colectivo (conforme a la legislación indígena vigente y de carácter público,  en la provincia de Santiago del Estero y todo el territorio Argentino) buscando frenar el avance de las topadoras que han ingresado en Territorio comunitario del Pueblo Tonokote».

 

«Estos hechos violan los convenios generales y específicos entre la Nación y la Provincia para la ejecución del Programa de Relevamiento de Tierras Indígenas (Ley 26.160 y su prorroga Ley 26.554) que en su artículo 2º claramente determina “la suspensión de actos administrativos, judiciales cuyo fin sean  los desalojos, desocupación de tierras (…) atendiendo al artículo 1º donde la posesión sea actual, pública, tradicional, y se encontrase fehacientemente acreditada”.

 

«El Consejo de la Nación Tonokote Llutqui solicitó al INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas del Ministerio de Desarrollo Social de Nación) su mediación para el llamado a una mesa de diálogo entre la organización y los gobiernos de la Provincia y la Nación. Esta convocatoria se ha realizado hace dos semanas y la organización indígena aún espera la respuesta para reunirse con las partes con el objetivo de iniciar la búsqueda de una solución al conflicto.»

«En este espacio, la comunidad propone como eje de la difusión de la identidad indígena, un salón comunitario donde los sabios y autoridades tradicionales podrán exponer y enseñar la cosmovisión de la cultura tonokoté: el arte del telar, el idioma, la cestería, la espiritualidad, los seminarios sobre los derechos indígenas, entre otras cosas, articulando con el Patio de Froilán la enseñanzas de las costumbres telúricas de Santiago del Estero desde su propia historia oral.»

En otro pasaje del comunicado, expresan: «Haciendo caso omiso de la convocatoria a la mesa de diálogo, una vez más, la provincia envió una topadora, acompañada de una exagerada cantidad de móviles policiales, con intenciones de entrar al territorio comunitario. Dicha acción fue impedida por los comuneros, quienes en dos oportunidades tuvieron que arriesgar su vida para evitar el avance del desmonte en el territorio comunitario».

Ahora están rediseñando el proyecto del nuevo barrio, considerando al patio como parte de esa mística, de esa memoria, de esa tierra bruja y cultural que es Santiago del Estero.