El 3 de agosto se celebró, como cada año desde 1965, el Día del Pescador, recordando la fecha de fundación del Club de Pescadores (1903). En esta especial ocasión conversamos con Rodolfo Perri, patriarca de los periodistas especializados.
-¿A qué edad comenzó a pescar y a cazar?
-Me inicié en ambas actividades a los seis años. Mi padre me llevó a cazar en campos de Cañuelas. Debía marchar a sus espaldas, con una mano en el cinturón de su cartuchera, para que él supiera dónde me encontraba y poder disparar tranquilo. Cazamos perdices y un pato. También en esa época, me llevó a la desembocadura del arroyo Medrano, junto al campo de la Unión Obreros y Empleados Municipales. Fuimos en bote a remo hasta el río, unos doscientos metros, y allí pescamos una cantidad de bagres, amarillos, blancos y “sapo”. Me clavé por primera vez una púa de bagre.
-¿Cuándo comenzó su tarea como periodista?
-Me inicié el 4 de noviembre de 1945 como aspirante a reportero: primer grado de la escala periodística que entonces seguía con reportero, aspirante a cronista, cronista, redactor y secretario de redacción hasta secretario general. Menos este último cargo, los recorrí todos. También escribí en la página de Opinión, todo ello en el diario La Prensa.
-¿Cómo empieza a escribir específicamente de pesca?
-Fue en la década de 1960. Era jefe de la sección Gremiales, pero ya practicaba intensamente la pesca, la caza y la náutica deportiva. De una charla con mi amigo y colega Marcos Ordóñez surgió la idea de publicar una columna en La Prensa. Me aconsejó proponérselo al entonces administrador, el arquitecto Máximo Gainza (luego director, el último que tuvo el diario en su etapa auténtica). De la charla surgió la posibilidad de hacer notas los viernes, día que yo elegí y que bauticé como el día “inicio del fin de semana, del tiempo libre”. Pronto el éxito publicitario y de lectores hizo que la columna se transformara en página. Llegó a tener tres páginas y un equipo de unos cinco colaboradores estables, que yo encabezaba.
-¿En qué otros medios además escribió o escribe?
-La especialidad deportiva siempre tuvo como base el diario La Prensa, al cual aún hoy sigo considerando mi segundo hogar, ya que en él entré como adolescente y me fui, muy a mi pesar, jubilado y encanecido. Hice notas sobre ambas pasiones para muchos otros medios periodísticos, como la recordada revista Diana, de Francisco José Cabrera, gran amigo y cinéfilo de fama internacional. También aparecieron notas mías, fugazmente, en Clarín, Aire y Sol, Jungla, y periódicos locales que ya no recuerdo.
Además intervine en varias audiciones radiofónicas, de las cuales recuerdo mejor, por su duración y difusión, “El Club del Auto”.
-¿Qué atractivo tienen para usted la caza y la pesca?
-Caza y pesca son parte visceral y anímica de mí. No puedo definirlas porque sería como definir cualquiera de las funciones orgánicas o espirituales. Su ejercicio, hoy, naturalmente disminuido por razones de edad, es parte de mi ser y, si bien paso ahora lapsos prolongados sin cumplirlos, siguen integrando mi pensamiento de todos los días. Creo que el secreto reside en que ambos me permitieron una simbiosis con la naturaleza, que se tradujo siempre en escenas, jornadas y sensaciones luminosas.
-Una breve mención suya a históricos referentes de este campo de la prensa: Zapico Antuña, Juan Martín de Yaniz, “El Mono” Villa, Roberto Guglielmi…
-Cada uno de esos nombres es una novela, todas ellas muy ricas en escenas y recuerdos. Con todos ellos conviví, discutí y aprendí. Zapico fue el iniciador de los libros de instrucción y promoción, como “Spinning, pesca calificada”. Yaniz creó el primer “Manual de Pesca Deportiva”. Era nauta y cazador. Cierta vez me contó (era varios decenios mayor que yo) que con su padre solían cazar “en una chacrita donde terminaba entonces la calle Nazca, más allá del Maldonado”. Villa, odontólogo de renombre, lo dejó todo por la pesca. Tenía un estilo muy atrayente y profesaba adoración por el hijo a quien había iniciado en ese arte. Para hablar de Guglielmi necesitaría una nota exclusiva. Fue precursor, extraordinario cáster, gran amigo y consejero. Hicimos juntos excursiones que fueron verdaderas travesías. Cierta vez cruzando los Andes por Socompa y Huaytiquina, muy cerca del cielo, se nos atascaron las camionetas y quedamos entre la nieve, el hielo y calaveras de infinidad de vacunos. En la cabina, mientras el resto empujaba la camioneta, ateridos, me animé a pedirle perdón “por haberlo metido en semejante pantano”. “¿Cómo perdón? -me conwwwó-; ¡lo que no te hubiera perdonado es que me dejaras afuera de esta formidable experiencia!”.
-Hace muchos años que escribe una anécdota de caza o pesca por mes para Weekend. Cuéntenos alguna.
-Hace mucho, fuimos juntos (seguimos estándolo a pesar de haberse él ido) al Parque Nacional Los Alerces. Con un guía de Parques remontamos el río Rivadavia, desde el lago Verde hasta el Rivadavia, y allí “cometimos” una de las grandes hazañas de pesca de spinning que recuerde. Recorrimos una cuarta parte de la costa. Cada tiro, un pique. Arco iris, marrones, fontinalis, percas… Es decir, toda la fauna íctica del sur se había reunido allí a darnos la bienvenida. Cómo sería el festín, que en un momento dado comenzamos a reírnos a carcajadas. Fue tal la risa que al final nos sentamos en el bote, dejamos las cañas y nos dedicamos a seguir solo como espectadores de esa fiesta fabulosa e inesperada, porque esa pesca podría repetirse, pero ese momento no lo repetiríamos más…