En medio de la selva, el felino más grande de Sudamérica se mueve con sumo sigilo y su masa muscular es enorme y fuerte, no así su altura. La naturaleza se adapta a su medio. Por eso, cuentan los que saben que un yaguareté tiene una mandíbula muy fuerte y unos colmillos prominentes con los que atrapa a su presa directamente por el cuello y le perfora el cráneo. Si no fuera así, la presa menor se le escaparía y en la selva, tan cerrada de vegetación es imposible perseguirla a la carrera, por más veloz que sea su predador. Cazado por el valor de su cuero, para evitar que mate ganado o simplemente cuando lo ven le disparan, cercado por el avance de la frontera agrícola que le coarta la libertad que necesita para moverse dentro del territorio, el Yaguareté fue decreciendo en población y corriéndose hacia zonas más  amplias en superficie. Sin embargo, los especialistas de la Fundación Vida Silvestre y Parques Nacionales junto con las organizaciones no gubernamentales de defensa y preservación de este animal, se han preocupado por diseñar planes para protegerlo, y tanto es así que se lo ha resguardado con la Ley Nacional, declarándolo Monumento Natural, que es la máxima normativa de protección con la que puede contar un ser vivo. Pero hace diez días, nada de esto tuvo en cuenta un grupo de cazadores furtivos que, apostados a tres mil metros de la ruta 101, en el corazón del Parque Provincial Urugua-í, aguardaban sus presas hasta que apareció Guacurarí, tal es el nombre con el que habían identificado a este ejemplar en homenaje a uno de ellos héroes de los ejércitos libertadores, el comandante Andrés Guacurarí y Artigas. Lo fulminaron a tiros, hasta incluso el collar con GPS de seguimiento satelital que portaba. Los cazadores lo extrajeron y le dispararon como una manera de  evitar que los rastrearan. Pero lo hallaron, disimulado entre la hojarasca, parte del esqueleto y su cuero. Y encontraron también a pocos metros la carpa improvisada con nylon negro sostenida por una enramada que protegió a los cazadores el tiempo que se apostaron tras su presa. Algunos creen que el objetivo no era el yaguareté, razón por la cual ni siquiera extrajeron el cuero con fines comerciales. Sino que quizá les apareció en medio de la noche y del miedo o porque sí,  lo mataron. La discusión, empero, tiene un solo resultado, el Monumento Natural atacado. Una de las especies con mayor riesgo de extinción del país, que fuentes de Vida Silvestre calculan que tan sólo en los últimos quince años los cazadores han matado unos cuarenta yaguaretés. Para los especialistas en la materia es imposible poner un guardaparque a cuidar cada yaguareté, sin embargo otros creen que hace falta mucho más personal idóneo en la materia que se sume a la cruzada de prevención de las especies.
El caso de Guacurarí formaba parte del trabajo de investigación por monitoreo que desde hace seis años se realizaba en forma conjunta entre investigadores del CONICET y naturalistas de la Fundación Vida Silvestre que, a su vez, como el caso del biólogo del CONICET Agustín Paviolo, integra junto con Mario di Bitetti y Carlos De Angelo, la ONG Centro de Investigaciones del Bosque Atlántico (CEIBA) que abarca la ecorregión desde Misiones y que llega hasta el norte de Brasil.
Para este trabajo, el animal había sido capturado dos veces por los investigadores, sin lastimarlo para adormecerlo y en menos de tres horas se le practicó una evaluación de su estado físico, como toma de muestra de sangre, pelos, parásitos como las garrapatas, se lo midió, se lo pesó y así se le había colocado el collar GPS y se lo monitoreó para conocer el estado de la población de yaguaretés y entender los factores que lo afectan. Así se logró saber que comen animales como chancho de monte, corzuela o tapir, cada tres o cuatro días. Incluso, cuentan que con esta forma de seguimiento hasta se lo había localizado en el área Cataratas, del Parque Nacional Iguazú, sin que nadie notara su presencia.
El yaguareté es una de las especies que en la Argentina se encuentra en mayor peligro de extinción y de allí que cuente con la mayor categoría de protección legal. En 2001 fue declarado Monumento Natural Nacional y desde 1988, Patrimonio Natural de Misiones. Tanto el yaguareté como el puma, se establecen en sitios donde más caza hay, es decir, donde mayor población de pequeños mamíferos hay regulando el equilibrio de las especies. Cuando falta el mayor predador, se registra una explosión demográfica de especies menores que perjudica a la biodiversidad. Los investigadores creen que hay conocimiento suficiente para saber qué hacer  y qué falta implementar en tareas de prevención para conservar esta especie que, de no evitarse su caza, desaparecería en veinte años