Por Leandro Vesco / Fuente: Hernan Guercio – Proyecto Pulpería / Fotos: Soledad Bastida

De noche sólo se ve el resplandor de las luces de Coronel Pringles y las estrellas, pero más acá, nada. “La oscuridad es total, el pueblo parece una boca de lobo”, define así la situación de El Pensamiento, la directora de la Escuela, Mabel Durcodoy. A 35 km de aquella ciudad, en pleno siglo XXI, el pueblo no tiene energía eléctrica. Sus trece habitantes luchan para estar iluminados.

El Pensamiento no quiere desaparecer. El motor del pueblo es la Escuela N° 9 José Ingenieros y el Jardín N°5, entre ambos tienen una matrícula de 9 alumnos, que llegan al establecimiento no sólo del pueblo, sino de campos vecinos, a tractor o a caballo o como puedan, estos niños hacen patria allí. Como suele suceder en estos parajes, el establecimiento escolar es vital para la supervivencia del pueblo. Mabel estima que el año que viene la matricula crecerá. La ilusión se fundamenta por la llegada de la ONG Proyecto Pulpería al pueblo, la Asociación Civil, encargada de revalorizar y proteger los pequeños parajes de la Provincia de Buenos Aires, hace algunos meses que está trabajando en el pueblo.

Proyecto Pulpería hará una Biblioteca Comunitaria y equipará la Escuela, llevará internet satelital gracias a un convenio con la Dirección de Comunicaciones de la Provincia de Buenos AIres, filtros de agua para potabilizar el agua proveídos por el SPAR. Hoy el agua que está en la Escuela no es apta para consumo humano. La ONG intenta hacer todas las gestiones para que llegue la energía eléctrica. El organismo encargado de hacer que la luz sea una realidad es la Cooperativa Eléctrica de Coronel Pringles, pero está claro que sus trece habitantes y la escuela no está en sus prioridades. “La electrificación no la vamos a conseguir -se lamenta Mabel Durcodoy-. Desde hace años se vienen haciendo gestiones, pero la realidad es que a nadie le interesa, porque hay solo cuatro familias. De noche no se ve nada”

La escuela cuenta con paneles solares que les dio la Provincia, pero sirven para lo básico, poco y nada se puede hacer con ellos. “Nos limita bastante, sobre todo en los días nublados porque tenemos que ahorrar la energía. Además, las baterías hay que reponerlas periódicamente”, cuenta Mabel. La cierto es que el poste de luz más cercano está a sólo tres kilómetros, por lo tanto esa distancia es la que separa a El Pensamiento del siglo XIX al XXI. “Más allá de todo esto, para la gente de El Pensamiento hay un trasfondo político, y que nadie quiere poner un peso. Ellos solo piden el cableado hasta la localidad, y después el tendido interno correría por cuenta de los habitantes. Pero trataremos de solucionarlo de otra manera” Hay una empresa en Córdoba, Giacobone, que fabrica aerogeneradores que producen energía eólica, y con sólo uno se podría abastecer a todo el pueblo con energía renovable y ciento por ciento ecológica. Pero aún es un sueño ya que la empresa debería donarlo.

El Pensamiento llegó a tener cientos de habitantes en la mitad del siglo pasado, pero el cierre del ramal ferroviario, el cambio de vida en el campo que trajo consigo el progreso tecnológico de la vida rural, cerrando puestos de estancia, crearon las condiciones ideales para que se produzca el éxodo. A pesar de todas las enormes murallas, sus trece habitantes se empeñan en hacer realidad su utopía: quedarse en su pueblo para dar presencia y no bajar los brazos hasta que la luz llegue. “Queremos estar iluminados, que el pueblo se vea de noche”, nos dijo un vecino cuando fuimos a esta localidad. No sólo tienen derecho a eso, sino a más. El pueblo no cuenta con sala sanitaria y el camino de acceso se vuelve intransitable con la lluvia. La realidad de El Pensamiento es un espejo que viven cientos de localidades del interior bonaerense y en todo el país, ese interior profundo que muchos no quieren ver, pero que desde el corazón mismo de estos pueblos, sus habitantes se posicionan como actores principales de una recuperación que está marcha. El Pensamiento, sueñan sus habitantes, deberá tener luz, y los responsables de la ONG Proyecto Pulpería, agregan: “Y también mejores caminos, internet, agua potable, libros y una pequeña sala sanitaria para que el pueblo tenga las condiciones mínimas para vivir con dignidad” Por lo pronto, sus trece habitantes se hallan unidos en esa soledad pampeana.