Por Santiago Rivas

Los cambios climáticos sucedidos en los últimos años, junto con la valorización de la tierra y la necesidad creciente de producir en zonas marginales, han llevado al incremento de la necesidad de regar los campos, no solamente para aumentar la productividad, sino también para lograr estabilidad en el tiempo, con una idea: tener un plan económico con una base sustentable. Con el transcurso del tiempo, la tecnología también aportó; se inició así el paso desde el riego por inundación -que tiene una eficiencia calculada apenas por encima del 50 por ciento- hacia sistemas como el riego por aspersión o por goteo, que aprovechan más del 90 por ciento del agua que se aplica en el suelo, además de la adopción más reciente de sistemas para la transmisión de los datos y el comando de los equipos a distancia, para poder regar en cualquier momento y tener un mayor control de lo que sucede en el lote.
En la Argentina la falta de una política nacional en cuanto al riego llevó a que no haya datos actualizados sobre la superficie que está sujeta a esta actividad ni sobre la disponibilidad de agua en cantidad y calidad en el subsuelo, realizándose el último censo sobre el riego en 2002. De acuerdo con ese estudio, se regaban 1.356.000 hectáreas, lo que representaba un 0,49 por ciento del territorio nacional, mientras que para 2005 se estimaba en 1,8 millones de hectáreas, y actualmente se calcula que está en el orden de los dos millones.
Según el ingeniero agrónomo Aquiles Salinas, especialista en riego de la Estación Experimental Manfredi del INTA, de la superficie medida en 2002, “prácticamente el 70 por ciento corresponde a los sistemas gravitacionales (por inundación), donde provincias como Mendoza, Salta y Jujuy se destacan sobre el resto en áreas bajo riego, mientras el otro sistema que tiene gran desarrollo y que sigue y seguirá incrementando su superficie es el de aspersión, con una participación (en 2002) de aproximadamente el 21 por ciento del área. Resultados del censo indican que la tasa de crecimiento anual del área bajo riego nacional es del 2,7 por ciento anual”, dice. 

Manejar el recurso. En los últimos tiempos, hubo una ventaja para incorporar equipos de riego: mientras el valor de la tierra creció, la instalación aumentó en una escala mucho menor. Actualmente, se ha desarrollado mucho conocimiento en el manejo de los equipos, entendiéndose todo como un sistema. Daniel Peralta puede dar cuenta de eso. Gerente de la empresa Reinke para Argentina, dice que el productor empieza a saber de qué se trata. “Sabe que no se trata exclusivamente del agua, sino de un manejo empresarial del campo. El riego es el último eslabón de una agricultura empresaria. Si tenés muy buenos manejos y sos criterioso en el tema agropecuario empresarial, el equipo de riego deja de ser un arma más para completar ese circo y hacer una agricultura interesante y de buenas prácticas. No es sólo para regar cuando no llueve. Hoy pasa mucho por la concientización del productor de no mirar hacia arriba sino poner el agua en el momento en que se necesita, tratando de cuidar el recurso”
   Los sistemas de riego pueden dividirse en tres: gravitacionales, donde se tira una lámina de agua en la parte más alta del campo, que se desplaza hacia la más baja; los de aspersión, en los cuales se tira el agua sobre el lote, con regadores o cañones de agua o con tramos de estructuras equipadas con aspersores, que pueden ser de avance frontal o de pivotes, con una eficiencia que puede llegar a alcanzar el 95 por ciento. La última forma de riego es por goteo, que trabaja con presiones muy bajas y una eficiencia que supera al 95 por ciento. El primer sistema tiene la desventaja de la menor eficiencia, la degradación del campo por el lavado de los nutrientes y el alto requerimiento de energía si hay que bombear el agua, ya que la mitad de lo bombeado se pierde. La ventaja es la baja inversión que requiere. El sistema por pulsos es una mejora sobre éste, ya que tira una menor cantidad de agua y la distribuye más uniformemente en el lote, aunque se adoptó poco en la Argentina.
En los equipos presurizados, los regadores o cañones tienen la desventaja de que abarcan poca superficie y tiran una lámina bastante despareja. Son buenos para campos chicos y requieren una inversión no demasiado alta. Sin embargo, para grandes extensiones, los que se han posicionado como más eficientes son los equipos de avance frontal y pivotes. Los pivotes toman el agua del centro del círculo y los otros de un canal que va al costado del equipo o cuentan con una manguera desenrollable y toda la estructura avanza por el lote. Si bien tienen la ventaja de aprovechar mejor los lotes rectangulares, necesitan de más tomas de agua cuando cubren grandes distancias y su costo es hasta un 30 por ciento superior.

La novedad. Los equipos por goteo son los más eficientes y requieren bombas de baja presión, por lo que consumen poca energía. El problema: originalmente no permitían usarse en cultivos extensivos, ya que la disposición de las mangueras en la superficie impedía el uso de máquinas, además de que éstas se desgastan muy rápido y generan un costo alto de reposición.
Recientemente se desarrolló en Estados Unidos la técnica de enterrado de las mangueras, llamada Subsurface Drip Irrigation (SDI, traducido como riego por goteo subsuperficial), que se hace con máquinas especialmente diseñadas y permite instalar el sistema en grandes extensiones, con las mangueras instaladas a entre 25 y 30 centímetros de profundidad. El INTA estudió el sistema. En 2011 comenzó la instalación del primer equipo de este tipo en el país, en la EAA Manfredi, donde, según explicó Aquiles Salinas, se lo pondrá a prueba por primera vez con un cultivo de invierno, en la próxima campaña, comenzando una rotación trigo-soja-maíz en seis hectáreas y raigrás -un tipo de pastura- en las dos hectáreas restantes. “La instalación cuesta más o menos lo mismo que el pivote y en cuanto a la vida útil, si bien no hay experiencia local, hay información de equipos desenterrados en caña de azúcar luego de 8 años sin tener problemas. Como no hay efecto de rayos solares no se degrada tanto. Sólo podría haber algún problema de raíces”. De todos modos, ante el ensanchamiento de la frontera agrícola y de frente a los cambios climáticos, la oferta de agua parece equilibrarse entre el buen manejo del recurso y la certeza de que en el futuro deberá el productor hacerse de un sistema de riego -aunque sea complementario- para dejar de mirar al cielo cada vez que no llueve.