La foto del sistema agropecuario y agroindustrial argentino en la actualidad podría mostrarnos que los grandes jugadores en cada eslabón son los que llevan la batuta del crecimiento, donde sobresalen las grandes compañías del trading y los insumos. Pero a la sombra de los grandes árboles también pueden crecer otros y este es el caso de las cooperativas agrícolas en la jungla de los agronegocios.
Como mencionábamos en una nota publicada en febrero (ver El Federal Nro. 353) hay dos grandes en nuestro país vinculadas a la agricultura pampeana. Una es la Asociación de Cooperativas Argentinas, que para dimensionarla podemos decir que maneja unas 10 millones de toneladas de granos al año y la otra es Agricultores Federados Argentinos, que maneja otras 4,5 millones más.
La diferencia entre las dos es que la primera es una “cooperativa de cooperativas”, lo que se denomina “de segundo grado”, mientras que la segunda es una única cooperativa aunque posea 26 centros primarios distribuidos mayormente en la zona núcleo. Ultimamente se han producido una serie de novedades en torno de este segmento de la ruralidad, donde el punto más saliente tal vez haya sido la reunión que la dirección de AFA mantuvo con la Presidenta de la Nación para presentarle su plan de inversión, a fines de julio.
Pero yendo de lo más pequeño a lo más grande, podemos empezar con lo que ocurre en la localidad de Correa, 10 km al oeste de Carcarañá (Santa Fe), donde la cooperativa local está invirtiendo para crecer. Esta entidad, que nuclea unos 400 productores y mueve al año unas 80.000 toneladas de grano, venía sintiendo la fuerte competencia que hay en la región para la comercialización de los cereales.
Así que decidieron lanzarse al agregado de valor, con una planta de alimentos balanceados. Para ello compraron un predio de 6 hectáreas al borde de la autopista que une Rosario con Córdoba, donde montarán la planta, trasladarán el acopio actual y el depósito de insumos. Con tecnología “made in Rafaela” (Bernadebi SA) y una inversión cercana al millón de dólares (financiado por ACA, de la cual es socia), la idea de estos cooperativistas es elaborar inicialmente unas 2.500 toneladas de balanceado por mes, que anualizado daría unas 30.000, es decir cerca del 40 por ciento del volumen de grano que normalmente se comercializa a puerto.
La posibilidad de transformar el grano les otorga algún grado de libertad, ayudando a desenganchar el negocio de los precios en los puertos de embarque. Por otra parte, si esta iniciativa es posible es gracias a la intensificación que vive el negocio de las proteínas animales, sea el tambo (principal cliente para colocar el balanceado a fabricar), la cría porcina y la avicultura. Incluso ya están pensando en armar la línea de extrusado de soja, para obtener directamente allí la harina proteica que necesitan para hacer el alimento.
La agroindustria constituye un verdadero “segundo piso” luego de la producción granaria, y la ACA va por ese canal. En San Luis están montando un criadero de última tecnología, con una población inicial de 1.300 madres en gestación, cuya producción de capones será faenada en el frigorífico que Alimentos Magros (sociedad en la que participa ACA) posee en la localidad cordobesa de Justiniano Posse. En esta movida, la cooperativa está invirtiendo unos $120 millones.
Pero no es la única canasta en donde están poniendo los huevos. La Secretaría de Energía de la Nación acaba de otorgar a ACA Bio Coop. Ltda. un cupo de 135.000 metros cúbicos de bioetanol, para que los cooperativistas abastezcan el corte interno de naftas con este combustible renovable.
Esta planta se construye en Villa María (Córdoba) y utilizará maíz como materia prima, a diferencia de los ingenios del NOA que elaboran bioetanol a partir de caña de azúcar, y demandará una inversión de 80 millones de dólares. La planta de ACA se convertirá en una esponja de la producción del cereal en la región, ya que utilizará unas 320.000 toneladas de grano al año. Nuevamente, la iniciativa requiere del desarrollo de las proteínas animales, ya que el principal subproducto es el DDGS seco, que es utilizado para la nutrición animal.
Finalmente, los de AFA no se quedan atrás a la hora de planificar su crecimiento. Un dato poco conocido es que desde 2009 la cooperativa posee una planta de faena bovina en Hernandarias (Entre Ríos). Pero ahora han abierto tres carnicerías para comercializar directamente los cortes que salen de la planta. Con el feedlot que tienen Arequito (Santa Fe) y la planta de balanceado en Arteaga, se puede decir que cubren íntegramente la cadena de valor.
En tanto, en JB Molina (Santa Fe), el pago chico del presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, AFA monta una planta procesadora de legumbres, un cultivo que se va expandiendo en la región. En la última campaña comercializaron 11.000 toneladas de arvejas de las cuales se exportaron 7.300. Pero la gran apuesta de estos cooperativistas es tener un puerto propio sobre el río Paraná, como tienen las grandes traders que dominan el negocio. Esto les expandiría las posibilidades de cerrar negocios y de apropiarse de parte del valor de la cadena granaria global.
En paralelo planifican meterse en la molienda de trigo y maíz. El punto es que la comercialización de trigo se encuentra trabada por falta de compradores. Pero si AFA procesara el cereal (lo está por hacer a fasón con dos empresas líderes) puede llegar al consumidor con la harina o directamente exportarla, saltando el corralito del mercado para el cereal. Finalmente, en la presentación realizada ante la Presidenta de la Nación, los cooperativistas le hablaron de la construcción de una planta de formulación de agroquímicos propia, que hoy producen en plantas de terceros.
Todos estos son ejemplos concretos del “valor agregado”. Pero es bueno ponerle números y los de AFA lo han hecho. Por ejemplo, si una tonelada de soja tiene un valor de 302 dólares, procesarla para sacar aceite y pellets la lleva a un equivalente de 369 dólares. Si el aceite se refina, automáticamente se eleva a 378 dólares y si además se envasa (como hace AFA) con destino a la góndola, esa tonelada de soja que tenía un valor inicial de 302 dólares, pasa a tener uno de 395 dólares.