Omar Maturano dijo la frase que titula esta nota hoy al mediodía en una conferencia de prensa en la que ratificó la mentira: que el paro de trenes que su gremio, La Fraternidad, realizó ayer desde las 12 se debió a que aún no habían cobrado el aguinaldo correspondiente al período en curso. Le asiste la legalidad a Maturano: la Ley de Contrato de Trabajo dice que el salario anual complementario debe percibirse antes del 30 de junio. Pero hay un trasfondo.  

“El motivo real del paro es inconfesable”, dijo Florencio Randazzo, el ministro del Interior y Transporte de la Nación, en una conferencia de prensa que dio anoche. Y tiene razón. Porque desde el martes se venía corriendo la bolilla del paro por la decisión de ese ministerio de equipar las cabinas de los trenes con cámaras de seguridad, surgida tras el choque de trenes en Castelar. 

 

El martes 2 de julio una desmentida de último momento frenó la medida de fuerza, que se produjo ayer, sorpresivamente, desde las 12 del mediodía en cinco líneas de trenes: 800.000 pasajeros se quedaron varados. Previo a la medida de fuerza de La Fraternidad no hubo quite de colaboración, no hubo mesa de diálogo rota, no hubo nada de nada: pararon sin más y sin siquiera avisarle a los miles de pasajeros, de modo que un día antes uno tomara la precaución de buscarse un plan para volver o salir de casa.

Ahora bien, ¿desde cuándo un derecho como el de la huelga es tan bastardeado por los mismos que dicen defenderla? Desde hace mucho tiempo. El problema está en que los usuarios no toleran -no toleramos- quedar en el medio de una pulseada entre un Gobierno que tomó el mando de varias líneas de un ferrocarril que en los 90 se devastó con complicidad sindical, para tratar de empezar a hacer girar las ruedas sobre los rieles y un sindicato que para porque no quiere cámaras en las cabinas de los trenes.  

Maturano dijo que está tranquilo porque ellos consultan todo antes de tomar una medida tan drástica como la de ayer. ¿Cuándo llamó a una asamblea La Fraternidad? ¿Le pidió el voto a todos los empleados, a los maquinistas, a los boleteros, a los que controlan los accesos, a los guardabarreras, a los foguistas, a los guardas? ¿O él solito se arrogó el derecho de levantar la mano por todos sus afiliados?

A ver cómo lo decimos con palabras directas pero que no dejen de ser ciertas: los sindicalistas se cagan en la gente que viaja ensardinada en los trenes. Porque los sindicalistas argentinos no tienen vergüenza. Los ferroviarios, con la Unión Ferroviaria del convicto José Pedraza a la cabeza (28 años al frente del sindicato, condenado en abril pasado a 15 años de prisión por ser el autor intelectual del asesinato de Mariano Ferreyra) se autocerró la boca en el desguace menemista de los años 90. El demonio de las patillas terminó con 11.000 kilómetros de vías (había 40.000). Instaló una campaña mediática que rezaba que todo lo estatal era una basura y entregó todas las líneas de ferrocarriles. Una de ellas, el Belgrano Cargas, cayó en manos de Pedraza, que firmó el achique de los ferrocarriles argentinos.

 

En 1992 Pedraza armó una cooperativa para manejar el ramal y lo subsidios -claro- del Belgrano Cargas. “Vamos a ser los dueños”, les dijo a los empleados de los talleres antes de echarlos. Sólo en Laguna Paiva echó a 650 personas, pero les dejó a los trabajadores el privilegio de decidir quién se quedaba y quién no. En buen romance: se lavó las manos. O peor aún: como dijo un trabajador por aquellos días, cambió al palillo del bombo peronista por el látigo y pasó a ser patrón de los empleados a quienes debía proteger.   

Y así con todo. Los sindicatos dejaron solos a los obreros de los talleres de Tafí Viejo, de Cruz del Eje, de Mechita, de Laguna Paiva, algunos de los pueblos desetificados por las políticas neoliberales de la década perdida en complicidad con los sindicalistas que ahora dicen defender al trabajador.

En vez de amenazar con un nuevo paro, Maturano debería hacer memoria: puede ser un buen ejercicio intelectual recordar la huelga que hicieron los santafecinos en Laguna Paiva, en 1961, cuando el por entonces presidente Arturo Frondizi amenazó con cerrar el tren: 42 días las familias enteras defendieron lo que los sindicalistas iban a entregar 30 años más tarde. Eso puede dar una pauta de cuándo hay que hacer una huelga: cuando se agotan las instancias de diálogo, cuando no queda otra.  

Maturano dice que sus afiliados están orgullosos de quien los representa. “Dime de qué alardeas y te diré de qué careces”, dice el saber popular. Ahora que los trabajores ya cobraron los salarios -con el 23% de aumento salarial retroactivo a marzo- y el aguinaldo, ¿cómo explicará Maturano el próximo paro con el cual amenaza al Gobierno Nacional? Preguntas que se hace uno mientras el tren, que pasa por todas las estaciones, se empeña en no frenar en la del sentido común. 

Lecturas recomendadas del tema:
“El Ferrocidio”, de Juan Carlos Cena (La Rosa Blindada ediciones).
“Vías argentinas. Ensayos sobre el ferrocarril”, de autores varios (Ediciones MC, 2010)

Canciones que describen las tragedias ferroviarias:
“El Ferroviario”
“Memoria del tren”