Acaba de asumir la presidencia de la centenaria Sociedad Rural Argentina. ¿Le preocupa ser visto como un personaje pomposo o señorial?
– Creo que las entidades no pueden ser muy diferentes a la gente que representan, ¿no? Bueno, según los momentos eso va cambiando, y hoy creo que la representación está muy de acuerdo con lo que es el campo hoy. Es un campo manejado por jóvenes, que aplican conocimiento, investigación, que arriesgan, que son muy eficientes en lo que hacen, que son competitivos a nivel internacional, que trabajan en redes, muy comunicados… Las instituciones no pueden escapar a la realidad de sus representados y de esa manera, la gente que asumió con mayor responsabilidad dentro de la comisión directiva representa eso.
– Para el gobierno, ustedes siguen siendo tan rancios y remilgados como hace cien años.
– A lo mejor creen que les conviene agitar esa caricatura de lo que ellos interpretan que es el campo, para lograr una simpatía entre la gente, con la comunidad, o la opinión pública. Pero, en definitiva, me parece que cualquier persona bien informada sabe lo que es el campo, cómo trabaja, y la verdad es que al gobierno no le coincide el relato con la percepción de lo que es la realidad.
– Hablando de relato, las que parecen haberlo cortado son las entidades rurales. No se las escucha decir demasiado en los últimos tiempos, o por lo menos no con la misma fuerza que en 2009.
– Nosotros decimos la realidad del campo en todos los medios disponibles. Tenemos una situación muy comprometida, en el sentido de que de 2006 hasta la fecha, cuando Néstor Kirchner cerró las exportaciones de carne y dejó sin rentabilidad a la ganadería, se han perdido 12 millones de cabezas de ganado. Como consecuencia de eso, hay 120 plantas frigoríficas cerradas y 12 mil trabajadores de la industria cárnica en la calle. Estamos ordeñando la misma cantidad de leche que en 1999, tenemos la peor expectativa de trigo de los últimos cien años… Bueno, esos son problemas concretos que permanentemente los estamos eliminando, Pero lamentablemente, no tenemos la posibilidad de expresar esto frente a las autoridades, que son en definitiva los que tienen el poder para transformar estas resoluciones, esta política de traba de exportaciones, de subsidios, que tanto mal le hace a la producción. Nosotros, si juzgamos los modelos o los planes por los resultados, como se debe hacer, a todas luces concluimos que este plan fracasó. Lo inteligente ahora sería  sentar a los involucrados en esta actividad y poder, con los números en la mano y con cuestiones objetivas, superar esta situación.
– El problema parece ser definir quiénes son “los involucrados”. Para el ministro Yauhar, las instituciones del campo son organizaciones integradas por funcionarios o por dirigentes oficialistas como Ider Peretti. Dice que la Sociedad Rural y la CRA perdieron representatividad.
– Justamente, eso es parte del problema. Acá hay realidades que son insoslayables. No podemos desconocer lo que es evidente y perfectamente comprobable. Buscar otros aparentes interlocutores es posiblemente huir de encontrar una auténtica solución y temer exponer las ideas del gobierno para que alguien se las retruque.
– De aquellos grandes productores oligárquicos en el siglo XIX y fueron fundadores de la Sociedad Rural Argentina, ¿cuántos quedan ahora?
– La oligarquía es el gobierno de pocos, en beneficio de sí mismos. ¿No? Está medio lejos el campo de esa situación. La verdad es que para encontrar un oligarca, hay que ir más por Puerto Madero, por la Casa Rosada, que venir para este lado…
– Bueno, hay un diez por ciento de productores que siguen acumulando el 90 por ciento de la tierra cultivada. No me lo niegue.
– Por supuesto que hay productores grandes, medianos y chicos. Hay una gran movilidad en ese aspecto. Los que a lo mejor tenían mucho campo a principios del siglo pasado ahora no lo tienen, y los que no lo tenían en aquella época ahora tienen mucho, como es lo lógico. En la absoluta mayoría de los casos, fuente del esfuerzo, del sacrificio, de la inversión, del conocimiento, de la inteligencia y de tomar riesgos que hacen que se formen y desaparezcan con igual facilidad empresas agropecuarias. Y así debe ser, así es como funciona el mundo: protegiendo al productor chico. El otro día leíamos en la asunción el primer párrafo del Estatuto de la SRA, que se firmó en 1866, y dice que la SRA se forma para propiciar el arraigo del productor agropecuario a la tierra. O sea que ya en aquella época la Rural defendía a la agricultura con agricultores. Eso es lo que nosotros tenemos que hacer. Y en tamaño, proteger al chico, fomentar el arraigo, fomentar que esa gente no migre a los cordones de pobreza de la Argentina, y el mediano y el grande garanticen volumen, que es lo que ocurrió. Acá en la Argentina hubo una revolución no por mérito del gobierno, porque no hubo un plan soja, pero igual en diez años se duplicó la producción de granos en la misma superficie. Y eso, sin ningún tipo de idea genial y ninguna ayuda oficial. Lo hizo el productor argentino, en un país en el que hay muy buenos recursos naturales, pero también hay excelentes productores agropecuarios que hacen bien su trabajo. ¿No es cierto? Y hablando de ese trabajo, nosotros hemos hecho el nuestro.
La Argentina progresó en materia agropecuaria, somos eficientes, hacemos productos en calidad y cantidad. Los números son elocuentes: sólo en concepto de retenciones agrícolas, el Estado recibió del campo nada menos que 55 mil millones de dólares de 2003 a hoy, que es una montaña de plata. Los que ahora tienen la palabra son los funcionarios del gobierno, que tienen que trabajar y hacer lo suyo: La infraestructura, la seguridad, la educación, la salud. Los que tienen el poder son ellos, y los que tienen que ejecutar las políticas y administrar bien toda esa montaña de plata que le sacaron al campo aparte de los impuestos ordinarios. El campo paga ganancias, paga ingresos brutos, paga tasa municipal… Aparte de todo eso, 55 mil millones de dólares en concepto de retenciones a la agricultura.
– ¿Por qué cree que lo eligieron a usted para presidir la Rural?
– Tanto en mi caso como en el de Daniel Pellegrino, mi vicepresidente, somos el producto de la visión de los dirigentes de hace veinte años, que nos convocaron. Hace veinte años dijeron “vamos a llamar a los jóvenes para que el día de mañana puedan asumir responsabilidad”. En esa línea, posiblemente tuve alguna exposición en 2008 durante la crisis del campo allí en Entre Ríos, y seguramente una cosa trajo la otra.
– Debe llevarse bien con su paisano, el “Melli” Alfredo De Ángeli.
– Por suerte tengo muy buena relación con todos los dirigentes, con todas las entidades. La buena relación que se hace a partir del trabajo, de tener anhelos en común. Eso facilita mucho.
– ¿Cómo será su estilo para dirigir la Rural? ¿Será enojón, como Biolcati?
– Personalmente aprendí mucho al lado de Hugo Luis, como también al lado de Luciano (Miguens), de Enrique (Crotto), de todos los expresidentes, y ahora seguramente le daremos nuestra impronta. Nuestra vocación es el consenso, es buscar arreglos, es poder hacer aportes a través de datos técnicos de trabajos, en la medida que haya diálogo y haya con quien sentarse. Pero si no hay diálogo, nuestro trabajo es hacer escuchar la voz de los productores. Seguramente la SRA, junto con las otras entidades de la Mesa de Enlace, representa mucho lo que es el campo hoy, y creo que esa representación es muy moderna y muy dinámica.
– ¿Cree que la Mesa de Enlace seguirá siendo un instrumento eficiente para canalizar conflictos?
– Sin dudas, porque es lo más eficiente, es lo inteligente, lo que da economía de movimientos… En un solo momento, con las cuatro entidades, uno tiene todo el espectro de productores y producciones. Que la Mesa de Enlace pueda tener posturas en común y gestionar en común, facilita mucho la vida no sólo a nuestros representados, sino a las autoridades, porque les da una tranquilidad, una seguridad.
– Lo noto convencido de lo que habla. Pero esto que es tan cierto para usted, no lo es tanto para instituciones como la Federación Agraria o Coninagro. Ellos ya no se muestran tan entusiasmados con la utilidad de la Mesa de Enlace.
– No sé, mirá. La última reunión que tuvimos fue ayer y van todos muy para adelante… Estuvimos cuatro o cinco ahora fijando agenda. Más nos guiamos por los hechos que por las palabras.
– ¿Alguien del Gobierno lo saludó tras su asunción?
– No, nadie. Tenemos audiencia pedida con la Mesa de Enlace desde hace mucho tiempo, por veintiún producciones que están siendo perjudicadas por las políticas, y aun no hemos tenido respuesta.
– ¿Cuáles son los temas que serán eje de su agenda como titular de la Rural?
– Buscar el diálogo con las autoridades y estar mucho con los productores en todas las exposiciones y reuniones, más para escucharlos que para hablarles. Lo que queremos es que se destraben los temas y se alcancen las soluciones. Ya es un sinsentido que se mantengan las retenciones. Ya está comprobado. Las retenciones se pusieron en un momento que la Argentina estaba en crisis, por un tiempo determinado.
– Pero la Argentina sigue en crisis.
– Mirá, si es verdad que crecimos a tasas chinas durante seis o siete años, ya no tienen razón de ser. Y hoy estamos teniendo una pérdida de competitividad en muchos cultivos. Que incluso causan un daño, como el maíz, el girasol, el trigo, la carne… Reducir las retenciones sensiblemente en la soja, para volver a la rotación de cultivos y hacer una explotación racional de los campos. El sistema, como está, nos empuja como un embudo hacia la soja, que es con lo que más recauda el gobierno