En las espumas del lago Titicaca (frontera Bolivia-Perú) nacieron los Incas. Este espejo de agua ha sido desde entonces un lugar sagrado para gran parte de las culturas andinas, pero la presencia del hombre en las últimas décadas ha provocado un inmenso deterioro en sus aguas y hoy los descendientes de aquellos que tanto lo cuidaron y las empresas mineras lo usan como un enorme tacho de basura. La contaminación del Lago está destruyendo su flora y fauna.

La realidad ambiental del lago donde el Inca Garcilaso de la Vega sitúa el origen de los Incas, donde desde su Isla del Sol salieron los legendarios Manco Capac y Mama Ocllo para fundar el Tahuantinsuyo, hoy es pésima. Las fuentes de la contaminación son fácilmente rastreables. Los hospitales de los pueblos cercanos tiran allí sus desperdicios sanitarios, los restaurantes que reciben a los turistas vierten aceite y toda clase de deshechos, a los que se unen líquidos cloacales sin tratar. El agua, otrora dadora de vida, hoy padece la ausencia oxígeno suficiente para hacer habitable el lago emblemático de Bolivia y Perú.

Una investigación hecha por Mario Monroy, especialista en ecotoxicología de la Universidad de Barcelona, encontró en el agua mercurio, zinc, cadmio y cobre producto de la otra gran fuente de contaminación que recibe el lago: la de las empresas multinacionales que extraen los recursos naturales de una Bolivia a la que han exprimido desde los años de la Colonia. Aguas arriba se asientas minas de oro, cobre y plata. Todos los residuos van a parar al lago, con la aprobación de la dirigencia política de un país que se presume defensor se la naturaleza. En Perú, la realidad no difiere.

Los pocos peces que logran sobrevivir en las aguas del Titicaca tienen un alto porcentaje en la sangre de metales pesados, lo que los hace dañinos para el consumo humano. Pero como esta contaminación no es oficializada estos peces son consumidos por los pueblos que habitan en sus orillas y los miles de turistas que reciben en el año. Reconocer la contaminación sería el primer paso para comenzar a pensar en una remediación, pero para Bolivia y Perú se transformaría en una pésima noticia, las ganancias que dejan las mineras, la corrupción y el turismo son lo suficientemente altas como para dejar el lago tal cual está.

El estudio del especialista español determinó que las aguas del lago posee un nivel muy alto de plomo, cuando este metal entra en la sangre las consecuencias son severas, y van desde problemas en el desarrollo mental, osteoporosis hasta problemas intestinales, entre otros. En el lado peruano, los pobladores aseguran que no saben nada acerca de la contaminación del lago. La agencia AP se encontró con muy poco interés del gobierno peruano para esclarecer el estado ambiental del Lago, su ministra de Ambiente, Elsa Galarza declaró que pronto informarían a los lugareños que viven en las islas y en la costa del lago, aunque no determinó cuándo. Mientras tanto, las personas se continúan contaminando. El mismo modelo se repite en nuestro país, donde empresas mineras dañan el medio ambiente con la venia del Estado.