El icónico Tren a las Nubes finaliza la temporada con un balance muy positivo. Distinguido con la Marca País, este atractivo turístico fue uno de los más elegidos por los turistas que visitaron Salta.

“Estamos muy contentos con los registros de estos meses, estamos cerrando la temporada con 3.876 pasajeros transportados y un promedio de ocupación del 80%”, expresó el presidente del Tren a las Nubes, Diego Valdecantos.

Asimismo destacó la importancia de que “el Tren a las Nubes brinde el servicio durante todo el año, por los beneficios que brinda a la Puna salteña”. Al respecto, recordó que en 2016 el servicio turístico generó 10 millones de pesos de impacto económico en la Puna, con 16.000 pasajeros, entre los cuales hubo 900 alumnos de escuelas de San Antonio de los Cobres que disfrutaron del paseo.

Durante marzo el Tren a las Nubes continuará operando los martes y sábados, mientras que desde abril se incrementará una salida los jueves. Para Semana Santa, se programó salidas el jueves 13, viernes 14 y sábado 15 de abril.

En cuanto a la procedencia de los pasajeros de la temporada de verano, Valdecantos indicó que el 80 por ciento fueron de origen nacional; el 11 por ciento fueron extranjeros; y el 9 por ciento, salteños. Por último adelantó que existen muy buenas expectativas para Semana Santa.

El próximo sábado 4 de marzo, los pasajeros podrán participar del Festival del Carnaval de la Puna, que se realizará al pie del viaducto La Polvorilla y reunirá a comparsas, bandas y artistas locales.

El Tren a las Nubes es uno de los ferrocarriles más altos del mundo, ya que en su recorrido tradicional ascendía a 4.200 metros de altura, 217 km hasta el Viaducto La Polvorilla. Parte de la ciudad de Salta a 1.187 msnm, atraviesa el valle de Lerma para introducirse en la Quebrada del Toro y llegar hasta la mágica Puna.

Atraviesa vertiginosas montañas de la Cordillera de los Andes entre paisajes increibles. La cantidad de rulos, viaductos, túneles y otras sinuosidades que recorre el tren se debe a que el autor del proyecto, el ingeniero estadounidense Richard Maury, tomó partido teniendo en cuenta el principio de adherencia de las ruedas del tren a las vías y por las leyes de la física, desechando el sistema mecánico de cremallera comúnmente usado para que las formaciones ferroviarias puedan trepar con solvencia las alturas. No utiliza ruedas dentadas, ni siquiera para las partes más empinadas de la subida, porque las vías están dispuestas de una manera peculiar circulando por un sistema de zig-zags y espirales.

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