Los españoles no entendieron que cuando les decían que había una ciudad de oro, no se trataba del metal, sino de todo este valle dorado y verde con tierras de una fertilidad casi mágica. La Rioja guarda el secreto del paraíso perdido. El Valle Vicioso está en el límite norte con Catamarca, allí la ruta 40 es la única calle asfaltada de un puñado de doce pueblos felizmente alejados de ruidos y problemas.

El Valle Vicioso fue llamado así porque los españoles, persiguiendo la leyenda de la Ciudad de los Césares recorrieron medio país, moviendo hasta el agua de los arroyos ufanados en una búsqueda que los obsesionó hasta agotarlos. Llegados hasta este confín, se hicieron tiempo para mirar a su alrededor y supieron que estaban dentro de un vergel. Toda semilla que era sembrada, aún con poco esfuerzo, daba frutos. La palabra Vicioso hace alusión a la facilidad con la que todo florecía aquí. ¿Para qué continuar buscando una ciudad legendaria, si frente a los ojos había tierra, sombra y agua?

El departamento de San Blas de los Sauces está cruzado por la ruta 40 y la 60, casi en el límite con Catamarca, el rio Los Sauces baña y humedece todo el valle, permitiendo el crecimiento de árboles frutales. La entrada lo anuncia, las aromas a los duraznos, almendros, nogales y ciruelos se levanta como una cortina dulce y atrayente. Doce pueblos que entre todos suman menos de 3700 habitantes, hombres y mujeres que están protegidos por verdes praderas, que trabajan en la recolección de nueces y uva, y donde pastan –según los caminantes del Valle- los mejores cabritos del país.

Alpasinche tiene 500 habitantes y fue fundado en 1911 cuando en este rincón perdido de nuestro país, llegó el tren. El pueblo –ya con construcciones- debió trasladarse medio kilómetro porque la sal destruía las casas. En sus campos se siembra en anis y el comino. Es el pueblo más seco del valle, para alejar al fantasma salino, sus casas están elevadas del piso. Andolucas es un pueblo de apenas 140 habitantes pero allí está el Camping donde es posible acampar a metros del río Los Sauces, cuya aguas son cristalinas, como si fueran viento líquido.

Las uvas riojanas que son precursoras de uno de los mejores vinos de nuestro país reciben la bendición del agua del rio, que llega desde las altas cumbres, fresca y nutritiva, Chaupihuasi es una localidad de 500 habitantes donde está la bodega Saadi e Hijos, pero también hay un club que alienta la realización de fiestas y el despliegue de los naipes. Las Talas es una aldea de 150 habitantes donde se siembran pistachos, ese oro verde crujiente que es muy consumido entre los habitantes del Valle, y gema preciada más allá de los límites de este mundo frugal. Salicas, capital del Departamento, tiene aguas termales con poderes curativos.

En el trayecto que hace la ruta 40 aquí, y luego la 60, en estos doce pueblos hay una estaciones de servicio, cabañas, lugares para acampar y pequeños comedores, pero la actividad primordial es poder hacer un viaje sensorial y probar las frautas, dulces, panes caseros y los cabritos a las brasas que iluminan las noches tibias y diáfanas de este Valle Vicioso que aún continúa haciendo detener a sus visitantes, que luego de conocerlo, se resisten a abandonarlo.